viernes, 3 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOPRIMER YO

Me retiraron del cargo por insuficiencia administrativa.
Entonces decidí refugiarme en mi palacio,
localizado en un campo de ciruelos,
donde recibo personajes como el noble Gulliver.

Rodeado de abundancia, comodidades y lujos,
vivo ausente del pueblo que vegeta miserable,
embrujado por el verbo de los neoliberales
y retorcidos proyectistas.

Mi situación, sin embargo, está próxima a terminar,
de acuerdo con ciertas leyes que rigen en Balnibarbi,
pues debo arrasar mi casa y construirla otra vez
teniendo en cuenta la moda impuesta en el territorio
por los famosos teóricos de la Academia Proyectista.

El país se encuentra ahora bajo la ley de Laputa,
donde hace poco impusieron tan absurdas teorías.
La casta de intelectuales
promete mejorar las obras y los métodos agrícolas,
instrumentos y herramientas en toda clase de oficios,
con el ingenuo propósito de cambiar la sociedad.

Estos proyectos son tontos
y yo, monarca en desgracia,
sufro las consecuencias de la torpeza triunfante
que campea en Balnibarbi,
como si fuera la escoria peor de la humanidad.

jueves, 2 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGÉSIMO YO

Cuando una serpiente ampolla
ciertos huevos de gallina
desciendo sobre la Tierra
con mi espantosa figura.
Mi tamaño es el de un gato,
aunque soy el más terrible
de los monstruos conocidos.

Ni el caballero más puro
logra vencer la fiereza
que tienen mi dentadura
y mi forma de mirar.

Con las dos destruyo árboles,
derribo en vuelo los pájaros
y acabo todas las plantas,
salvo la hierba de gracia,
que ha sido siempre tan útil
para brujas practicantes.

De no ser por la comadreja
y el gallo vistoso y fatuo,
acabaría con el mundo
en menos que canta un gallo,
pues el canto de este animal
me mata con sus sonidos
cuando lo escucho alelado.

En cuanto a la comadreja,
que ataca sin darme tregua,
sale siempre vencedora
porque sana sus heridas
con las hojas de la ruda.

Cuando Plotino, el filósofo
que enseñó en Alejandría,
siendo un ciego natural,
tapó los ojos de un miembro
de mi querida familia,
para llevarlo a su casa
después de domesticarlo,
lo vio morir al instante
por el canto de los gallos
y no como se dijera,
por mi espantosa figura.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMONOVENO YO

Soy uno de tantos gnomos
en las montañas de Francia
y hasta en la ordenada Suiza.
Me llaman el Barbegazi,
quizás por mis barbas gélidas
o porque hiberno en verano.

No salgo nunca del bosque,
pues los pocos compañeros
que han caído entre las redes
de leñadores y aldeanos,
han muerto poco después
en extrañas circunstancias.

Con mis silbidos anuncio
las avalanchas cercanas,
y salvo a los moradores
cuando empiezo a deslizarme
por los peñascos helados
como el mejor San Bernardo.

Soy distinto a los parientes
habitantes del perímetro,
quizás por mis grandes pies
que utilizo para esquiar
y porque bajo los carámbanos
llevo un pelambre común.

Me desplazo por los hielos
haciendo diez mil piruetas
sobre abismos verticales.
Puedo esconderme en la nieve
por unos cuantos segundos
y salir de igual manera
aunque me encuentre muy hondo.

Vivo en complejos lugares
junto a picos elevados
con galerías laberínticas
y entradas que están ocultas
entre cortinas heladas.

Sólo aparezco en invierno
con bajas temperaturas
si hay ventiscas suficientes
para ahuyentar los intrusos
que viajan por zonas altas.

Mi voz es muy parecida
al grito de las marmotas
que habitan los Alpes suizos,
y acostumbro comunicarme
a larguísimas distancias,
aunque a veces me confundan
con vendavales alpinos,
o el sonido de los cuernos
que lanzan los cazadores
cuando van por los caminos,
preparados para todo,
en busca de su pitanza.

miércoles, 1 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOCTAVO YO

Hermana de Apolo el sanador,
cuando aparecí en el mundo
exigí los aperos de “Diana Cazadora”.

Después de juveniles aventuras,
cargada de mi arco y de mis flechas,
partí hacia lugares solitarios,
con el fin de custodiar los campos
de mi querida Arcadia.

Veinte ninfas escoltan la jauría
que destierra feroz a los intrusos,
cuando intentan tener mi doncellez
o la de mis fieles servidoras.

Calisto sufrió las consecuencias
de mis certeros flechazos,
hasta quedar ya sin vida.

Acteón, que en mala hora
quiso mirar mi hermosura
cuando me estaba bañando,
fue objeto de mi venganza
por medio de sus mastines,
antes de ser transformado
en ciervo perdido y solo.

Beneficio a los granjeros
con magníficas cosechas
cuando aceptan mis poderes,
y atormento despiadada
a los que infringen mis leyes.

Quiso Eneo, prepotente,
desconocer sus deberes,
haciendo que le azuzara
aquel feroz jabalí
que destruyó los sembrados
y exterminó a su familia.

Por el mismo desacato
castigué al rey argonauta
con invasión de serpientes
sobre su lecho nupcial.

Al encontrarse conmigo,
si estoy tensando mi arco
para abatir algún ciervo,
deben desviar la mirada
por el temor de mi furia,
porque mi gracia es el alma
de aquellas lindas mujeres
que el hombre tozudo y torpe
persigue por siempre en vano.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOSÉPTIMO YO

Soy el alma de los vegetales,
fuerza y poder de múltiples criaturas,
y a través de mis hechizos pronostico
cosas ciertas, falsas y aterradoras.

Observo y pienso de manera filosófica,
aunque proclive a las perversidades.
De mi larga existencia y conocimiento
doy cuenta a los amantes que cavilan
sobre el motivo de sus ansiedades.

Al invadirme la esencia de los olmos
los cazadores consultan mi follaje
recibiendo respuestas enigmáticas:
Cuando el viento agita mis ramas al oeste,
el ciervo desafiará tus flechas.
Cuando los vientos del este
hagan volar las hojas alrededor de tus pies,
busca conejos peludos para mejorar tu cena.

En Togo, un nativo se salvó del hambre
cuando adobó sus guisos con mis hojas.
En Irlanda soy un vegetal voluble
que anuncia los tesoros escondidos
con suspiros, murmullos y gruñidos.

Si encarno en árboles longevos
me expreso con mayor profundidad;
en arbustos delgados y pequeños
mi sonido es un eco femenino,
queriendo decir que hay nuevo espíritu
en los centros cargados de poder.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOSEXTO YO

Cuando todo era amorfo y metafísico
hice la separación de Cielo y Tierra
para dar vida a las tribus australianas.

Formé el Sol, la Luna y los planetas,
y al hallarme demasiado solo
tomé un puñado del naciente barro
para imprimirle concreción humana;
le di larga y pulida cabellera
con las hojas rojizas en otoño,
y bellas como luz de la mañana.

Le enseñé a cantar y a danzar
por medio del rito y de la fiesta,
y con mi magia le mostré las cosas
que subyacen palpitantes siempre,
allí donde el mundo microscópico
se conecta con el cosmos infinito.

Al captar esta esencia le ordené
perpetuarse en aquellos que seguían
mis eternas y sabias enseñanzas,
para satisfacción personal
y seguro talismán en la tristeza,
contra el imperio de los fallecidos,
que insisten en sus negras acechanzas
como recuerdo de los tiempos idos.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOQUINTO YO

Habito una región del Congo
y ostento diferentes formas:
jefe de tribu, guerrero bien armado,
con estatura mayor a la normal.

Llegué a la Tierra de manera mágica,
cuando había plantas pero no animales;
vomité nueve criaturas distintas a los peces,
pero noté que algo faltaba y arrojé una más,
dando origen a la especie humana.

Dicté leyes para su comportamiento,
hasta que alguien se negó a cumplirlas;
la envié entonces al espacio sideral
haciéndola mujer, y sin matarla.

Lo hubiera hecho sin remordimiento
de no haber sido por su gran belleza,
que me indujo a coronarla reina
del fuego que alienta los mortales
en momentos de angustia y soledad.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOCUARTO YO

Me adoran los espíritus del aire
y aquellos que habitan en el agua.
Ave de vuelo potente y refinado,
me ufano de mis muchas cualidades
cuando bato mi soberbia envergadura
desde el albo sur hasta los hielos árticos,
con vientos incesantes cuyo aliento
sopla como un monstruoso fuelle
sobre el curvo espinazo de la Tierra.

Cruzo el cielo contra las corrientes
mil kilómetros sin batir las alas,
de manera tranquila y elegante,
a gran altura y armoniosamente.

Cuando alguien decide asesinarme
sufre el castigo de espíritus marinos,
que hacen siempre zozobrar el barco
si no atan mi cadáver al cuello del malvado,
sujeto al palo mayor y con cien cuerdas,
sin beber, sin comer y sin dormir,
hasta que haya cesado la tormenta.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOSEGUNDO YO

Soy el gallo blanco
por el cual los humanos investigan
las tristezas y dichas del futuro.

Quienes me visitan y colocan trigo
sobre las letras del abecedario,
obtienen palabras compasivas
con cada uno de mis picotazos.

Cualquier mago imaginativo
o bruja de intelecto agudo,
proporciona la información
que ha de calmar la angustia
del ansioso consultante,
no sin antes recibir su paga
en forma oportuna y razonable.

Amigo de las letras y del canto,
doy respuestas sinceras y prolijas
a quienes sueltan el hilo de sus vidas
a través de mis poderes mágicos.

Soy el gallo blanco
de roja cresta y picotazo duro,
alimentado con granos misteriosos
por aquellos ilusos que pretenden
alcanzar en su hipotético futuro
un presente de bienes temporales
burlando los designios del azar,
ignorante de befas y patrañas.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOPRIMER YO

Vivo en la Isla de las Manzanas,
situada en la mitad de un lago,
cuyas aguas maduras y tranquilas
jaspean como un telón de acero
tendido bajo el sol del mediodía.

A través de los callados bosques
los héroes muertos en combate
siguen su camino hasta la orilla
donde abordan el bote funerario,
conducido por la exótica mujer
que oculta su rostro entre crespones
y sujeta con mano rigurosa
los cabos del ancla y del timón.

Mientras avanzan por el agua inmóvil
los guerreros restañan sus heridas,
para llegar vigorosos a la isla
donde el tiempo nunca cambia
y tampoco muere el Sol.

Los árboles, doblados por sus frutos,
mitigan la sed del visitante,
y la hierba pisada por sus pies
adquiere suavidad de césped.
La paz que los vivos desconocen,
es el pan cotidiano en Avalon.

Y yo, santo patrono
de este paraíso de ultratumba,
construí bajo la fronda generosa
una rústica iglesia donde oran
y juran combatir cuando fenezcan,
los fieles el mal de sus congéneres,
venciendo a los intrusos  agresores
en los duros encuentros de la guerra.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOTERCER YO

Dios de los lagos centroamericanos,
los que me miran no viven
para contarlo después.
Propietario exclusivo de los peces,
odio anzuelos, trasmallos y atarrayas.

Con mi cola produzco las tormentas
que pueden hundir embarcaciones,
cuando no las atrapo por la borda
con el fin de ahogar los pescadores
que luchan indefensos contra mí.

Si estoy a esa hora poco hambriento
los dejo simplemente a la deriva,
esperando me aplaquen devolviendo
la pesca a lo profundo del lago,
y no intenten esconderla malamente
en la sentina del barco.

Así reino en las aguas transparentes
de la indígena América Central,
ondulantes como sábanas celestes,
tan vecinas de una tierra generosa
donde todo se confunde y se destaca
bajo la fronda de selvas y montañas,
como croquis de su esencia mágica.

martes, 24 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGÉSIMO YO

Hilé tapetes para los reyes de Lidia,
hasta que un día me enfrenté con Atenea
cuando tejía el atuendo de los dioses.
Me invitó a desistir, y yo, ¡torpe mortal!,
no quise aprovechar la oferta.

Viendo mis dedos a más velocidad
y acabando primero la tarea,
me convirtió en arácnido,
obligándome a tejer por siempre
con hilos de mi propio cuerpo.

Hago telas que admiran los humanos,
quienes me dan el nombre Aracne
o dama superior de las arañas,
algo aceptado sin ningún reparo
en diferentes lugares de la Tierra.