domingo, 5 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOQUINTO YO

Soy un viejo patriarca del Atlántico,
gigante legendario y bondadoso
descendiente directo de los hombres
que poblaron el país de los albiones.

Cuando llegaron los conquistadores
pensaron que mi nombre procedía
de los acantilados de Dover,
cuya espuma es semejante
al ropaje de los hielos.

Bautizaron como Albión
la nueva tierra invadida,
sin sospechar que el futuro
recordaría mi heroísmo
de manera permanente,
generosa y eficaz.

sábado, 4 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOCUARTO YO

No soy supersticioso,
pero llevo mis amuletos
para obtener protección
y alejar todos los males.

Yo soy mi propio adivino
y me aconsejo constante
con las fases de la Luna,
junto a otros elementos
que debo tener en cuenta
para la buena salud,
quitar las contrariedades
y penas de toda índole.

Hago té de milenrama
para acabar con la gripa;
el de lavanda me sirve
cuando los nervios son débiles;
el de salvia no me falla
contra malas digestiones;
el de romero es perfecto
por ser un buen profiláctico;
el de enebro, por diurético,
no tiene comparación:
mejora el flujo en la orina
y da envidiable apetito.

Pero lo más importante
es no fiarse de uno solo
y obtener varios al tiempo
mezclándolos entre sí.

Agregar un talismán
que atraiga la buena suerte,
destierre perros rabiosos,
detenga las hemorragias
y capture a los ladrones,
es el sueño más preciado
que anhelo hacer realidad.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOTERCER YO

Mi nombre no es Paracelso,
ni siquiera Isaac Newton,
pero investigo sin tregua,
en mi búsqueda afanosa,
los misterios de la alquimia
que consagran los poderes
de la eterna juventud.

Con procedimientos exóticos
sumamente complicados
busco la piedra filosofal,
alterando el fuego tanto
que aparecen salamandras
cuyas funciones ayudan
al proceso creativo.

Como todos mis colegas,
creo que el cosmos se hizo
de una materia uniforme,
variada luego por los átomos
que produjeron la Tierra
y demás cuerpos celestes
que vagan por el espacio.

Para mi propósito invoco
al poderoso dios Hermes,
con sus sandalias volantes,
su varita hechizadora
y la flauta que provoca el sueño.

Desde hace bastantes siglos,
igual que mis asistentes,
chamusco mis vestiduras,
mis barbas y mis cabellos
con los chascos cotidianos
que esas labores producen.

Mis apoyos más buscados
son, entre muchos y buenos,
el hígado del cocodrilo,
los esqueletos humanos,
la vejiga de los rumiantes
y una porción de mandrágora;
eso agregado a la lista
de las cosas principales.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOSEGUNDO YO

Soy el príncipe Hasán, propietario de la alfombra
con la cual casi conquisto la mano de Nurimbar,
la más hermosa princesa en el Estado de Bisnagar.

Inútil para el profano tratar de imitar algunos
de estos extraños vehículos,
pues sus formas y colores varían continuamente,
y sólo empresarios hindúes
tienen la fórmula secreta para que sean voladores.

Cuando Alí fue vencedor en el concurso de arquería,
para el cual me preparé con disciplina espartana,
desistí en definitiva de incursiones por el aire;
vendí barata la alfombra,
y desconozco hasta hoy en qué lugar misterioso
se refugia finalmente
aquella gran precursora de los vuelos orbitales.

viernes, 3 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOPRIMER YO

Me retiraron del cargo por insuficiencia administrativa.
Entonces decidí refugiarme en mi palacio,
localizado en un campo de ciruelos,
donde recibo personajes como el noble Gulliver.

Rodeado de abundancia, comodidades y lujos,
vivo ausente del pueblo que vegeta miserable,
embrujado por el verbo de los neoliberales
y retorcidos proyectistas.

Mi situación, sin embargo, está próxima a terminar,
de acuerdo con ciertas leyes que rigen en Balnibarbi,
pues debo arrasar mi casa y construirla otra vez
teniendo en cuenta la moda impuesta en el territorio
por los famosos teóricos de la Academia Proyectista.

El país se encuentra ahora bajo la ley de Laputa,
donde hace poco impusieron tan absurdas teorías.
La casta de intelectuales
promete mejorar las obras y los métodos agrícolas,
instrumentos y herramientas en toda clase de oficios,
con el ingenuo propósito de cambiar la sociedad.

Estos proyectos son tontos
y yo, monarca en desgracia,
sufro las consecuencias de la torpeza triunfante
que campea en Balnibarbi,
como si fuera la escoria peor de la humanidad.

jueves, 2 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGÉSIMO YO

Cuando una serpiente ampolla
ciertos huevos de gallina
desciendo sobre la Tierra
con mi espantosa figura.
Mi tamaño es el de un gato,
aunque soy el más terrible
de los monstruos conocidos.

Ni el caballero más puro
logra vencer la fiereza
que tienen mi dentadura
y mi forma de mirar.

Con las dos destruyo árboles,
derribo en vuelo los pájaros
y acabo todas las plantas,
salvo la hierba de gracia,
que ha sido siempre tan útil
para brujas practicantes.

De no ser por la comadreja
y el gallo vistoso y fatuo,
acabaría con el mundo
en menos que canta un gallo,
pues el canto de este animal
me mata con sus sonidos
cuando lo escucho alelado.

En cuanto a la comadreja,
que ataca sin darme tregua,
sale siempre vencedora
porque sana sus heridas
con las hojas de la ruda.

Cuando Plotino, el filósofo
que enseñó en Alejandría,
siendo un ciego natural,
tapó los ojos de un miembro
de mi querida familia,
para llevarlo a su casa
después de domesticarlo,
lo vio morir al instante
por el canto de los gallos
y no como se dijera,
por mi espantosa figura.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMONOVENO YO

Soy uno de tantos gnomos
en las montañas de Francia
y hasta en la ordenada Suiza.
Me llaman el Barbegazi,
quizás por mis barbas gélidas
o porque hiberno en verano.

No salgo nunca del bosque,
pues los pocos compañeros
que han caído entre las redes
de leñadores y aldeanos,
han muerto poco después
en extrañas circunstancias.

Con mis silbidos anuncio
las avalanchas cercanas,
y salvo a los moradores
cuando empiezo a deslizarme
por los peñascos helados
como el mejor San Bernardo.

Soy distinto a los parientes
habitantes del perímetro,
quizás por mis grandes pies
que utilizo para esquiar
y porque bajo los carámbanos
llevo un pelambre común.

Me desplazo por los hielos
haciendo diez mil piruetas
sobre abismos verticales.
Puedo esconderme en la nieve
por unos cuantos segundos
y salir de igual manera
aunque me encuentre muy hondo.

Vivo en complejos lugares
junto a picos elevados
con galerías laberínticas
y entradas que están ocultas
entre cortinas heladas.

Sólo aparezco en invierno
con bajas temperaturas
si hay ventiscas suficientes
para ahuyentar los intrusos
que viajan por zonas altas.

Mi voz es muy parecida
al grito de las marmotas
que habitan los Alpes suizos,
y acostumbro comunicarme
a larguísimas distancias,
aunque a veces me confundan
con vendavales alpinos,
o el sonido de los cuernos
que lanzan los cazadores
cuando van por los caminos,
preparados para todo,
en busca de su pitanza.

miércoles, 1 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOCTAVO YO

Hermana de Apolo el sanador,
cuando aparecí en el mundo
exigí los aperos de “Diana Cazadora”.

Después de juveniles aventuras,
cargada de mi arco y de mis flechas,
partí hacia lugares solitarios,
con el fin de custodiar los campos
de mi querida Arcadia.

Veinte ninfas escoltan la jauría
que destierra feroz a los intrusos,
cuando intentan tener mi doncellez
o la de mis fieles servidoras.

Calisto sufrió las consecuencias
de mis certeros flechazos,
hasta quedar ya sin vida.

Acteón, que en mala hora
quiso mirar mi hermosura
cuando me estaba bañando,
fue objeto de mi venganza
por medio de sus mastines,
antes de ser transformado
en ciervo perdido y solo.

Beneficio a los granjeros
con magníficas cosechas
cuando aceptan mis poderes,
y atormento despiadada
a los que infringen mis leyes.

Quiso Eneo, prepotente,
desconocer sus deberes,
haciendo que le azuzara
aquel feroz jabalí
que destruyó los sembrados
y exterminó a su familia.

Por el mismo desacato
castigué al rey argonauta
con invasión de serpientes
sobre su lecho nupcial.

Al encontrarse conmigo,
si estoy tensando mi arco
para abatir algún ciervo,
deben desviar la mirada
por el temor de mi furia,
porque mi gracia es el alma
de aquellas lindas mujeres
que el hombre tozudo y torpe
persigue por siempre en vano.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOSÉPTIMO YO

Soy el alma de los vegetales,
fuerza y poder de múltiples criaturas,
y a través de mis hechizos pronostico
cosas ciertas, falsas y aterradoras.

Observo y pienso de manera filosófica,
aunque proclive a las perversidades.
De mi larga existencia y conocimiento
doy cuenta a los amantes que cavilan
sobre el motivo de sus ansiedades.

Al invadirme la esencia de los olmos
los cazadores consultan mi follaje
recibiendo respuestas enigmáticas:
Cuando el viento agita mis ramas al oeste,
el ciervo desafiará tus flechas.
Cuando los vientos del este
hagan volar las hojas alrededor de tus pies,
busca conejos peludos para mejorar tu cena.

En Togo, un nativo se salvó del hambre
cuando adobó sus guisos con mis hojas.
En Irlanda soy un vegetal voluble
que anuncia los tesoros escondidos
con suspiros, murmullos y gruñidos.

Si encarno en árboles longevos
me expreso con mayor profundidad;
en arbustos delgados y pequeños
mi sonido es un eco femenino,
queriendo decir que hay nuevo espíritu
en los centros cargados de poder.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOSEXTO YO

Cuando todo era amorfo y metafísico
hice la separación de Cielo y Tierra
para dar vida a las tribus australianas.

Formé el Sol, la Luna y los planetas,
y al hallarme demasiado solo
tomé un puñado del naciente barro
para imprimirle concreción humana;
le di larga y pulida cabellera
con las hojas rojizas en otoño,
y bellas como luz de la mañana.

Le enseñé a cantar y a danzar
por medio del rito y de la fiesta,
y con mi magia le mostré las cosas
que subyacen palpitantes siempre,
allí donde el mundo microscópico
se conecta con el cosmos infinito.

Al captar esta esencia le ordené
perpetuarse en aquellos que seguían
mis eternas y sabias enseñanzas,
para satisfacción personal
y seguro talismán en la tristeza,
contra el imperio de los fallecidos,
que insisten en sus negras acechanzas
como recuerdo de los tiempos idos.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMOQUINTO YO

Habito una región del Congo
y ostento diferentes formas:
jefe de tribu, guerrero bien armado,
con estatura mayor a la normal.

Llegué a la Tierra de manera mágica,
cuando había plantas pero no animales;
vomité nueve criaturas distintas a los peces,
pero noté que algo faltaba y arrojé una más,
dando origen a la especie humana.

Dicté leyes para su comportamiento,
hasta que alguien se negó a cumplirlas;
la envié entonces al espacio sideral
haciéndola mujer, y sin matarla.

Lo hubiera hecho sin remordimiento
de no haber sido por su gran belleza,
que me indujo a coronarla reina
del fuego que alienta los mortales
en momentos de angustia y soledad.