jueves, 9 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



CUADRAGÉSIMO YO

Vivo en las chimeneas
de las tierras escocesas,
como un anciano pequeño
y arrugado por el humo.

Soy casero y malicioso
cuando veo que los niños
no quieren irse a la cama
en las horas de la noche.

En medio de la negrura
abandono la chimenea
para arañarles los pies,
halarlos de las orejas,
hurgarles bien las narices,
abrirles mucho los párpados
y obligarlos a mirarme
con sus ojos aterrados.

Les infundo pesadillas
si no mejoran sus hábitos,
pero en el caso contrario
los dejo dormir tranquilos,
teniendo en cuenta, eso sí,
que algún astuto travieso
no arroje sal en el fuego
para impedir que yo escape
fácilmente del cubil.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMONOVENO YO

Guardo cierto parecido
con un esqueleto andante
aunque recubro mis huesos
con una piel transparente.

Por las cuencas de mis ojos
proyecto una luz siniestra,
para derribar guerreros
apoyado en mi bastón,
o los derroto a distancia
con mis flechas invisibles.

Mi espíritu trashumante
ambula por Norteamérica
desde hace varios milenios,
a través del territorio
propiedad de los Chippewa,
condición que hace más firme
mi reino en la eternidad.

martes, 7 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOCTAVO YO

Soy el vástago final
de una dinastía que habitó
la provincia de Valaquia.
Mis antepasados rechazaron
las invasiones húngaras,
las mongolas y las turcas,
que provocaron entonces
inmensa sed de sangre,
posteriormente trasmitida
a los futuros valaquios.

Por mis dotes de vampiro,
los paisanos me imaginaron
descendiente de Satán,
o algún dragón infectado
y ansioso de linfa humana.

Me acusaron de empalador
por ensartar prisioneros
en estacones punzantes.
Mi dicha eran los lamentos
de su luctuosa agonía,
mientras lento devoraba
los más sápidos manjares.

En las épocas de paz,
me permití más que nunca
empalar damas y niños
en mis extensos dominios,
para beber con fruición
sus emulsiones vitales.

Obligado a combatir,
derroté a los invasores:
lombardos, turcos y bávaros
que soñaban con mandar
más acá de mis fronteras.

Permanecí en Transilvania
por tres o cuatro centurias,
hasta que unos campesinos
me despacharon a Londres,
con el fin de recluirme
en un castillo apartado,
donde pudiera vivir
como un anciano elegante,
con pelos entre las manos,
dos orejas puntiagudas,
caninos bien afilados
e insoportable halitosis.

Allí fue donde seduje
la bella Lucy Westenra,
aunque después de sangrarla
me fijé en otra muchacha
compañera de un amigo,
que al darse cuenta de todo
me persiguió a Transilvania,
no sin antes intentar,
con una estaca de cedro,
traspasarme el corazón.

Pese al funesto episodio,
nadie ha podido acabarme,
aunque muchos me persiguen
con sevicia inveterada,
y eso me impulsa seguir
con mis andanzas nocturnas
en mansiones alejadas,
donde no existan personas
de Londres ni Transilvania.

lunes, 6 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOSÉPTIMO YO

Soy la baronesa de Altebar
y con mi belleza de ultratumba,
seduzco los hombres más apuestos
de la dinastía Rathenau.

Cuando el conde Johannes,
so pretexto de una guerra religiosa,
tomó la comarca de Altebar,
tramé para sus secuaces
el más violento castigo.

Por eso me ven en reuniones,
bailes y demás actos sociales
seduciendo a los varones
de tan falaz descendencia.

Descansaré con su exterminio
luego de enseñarle las razones
de mi furia y mi venganza eternas
por el sucio atropello a mis comarcas
y a la rancia dinastía de Altebar.

domingo, 5 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOSEXTO YO

Llevada por mi orgullo adolescente
reté con mi consorte a Zeus,
lo mismo que a su esposa Hera.
Como venganza por mi atrevimiento
hicieron perecer en un naufragio
al hombre de mis sueños.

Loca de dolor me lancé al mar
tratando de seguir a mi adorado,
pero Tetis, divinidad compasiva,
nos transformó en alciones
de bello verdeazul el dorso,
pecho moreno y largo pico
preciso para el arte de pescar.

Calmó las aguas siete días,
y pudimos construir un nido
donde ampollar mis huevos.

Dejando después el gran océano,
nuestros hijos se alejaron
hacia distintos lugares de la Tierra
por las riberas de ondulantes ríos.

Hoy ostentan diferentes nombres,
conocidos en múltiples culturas:
Martín Pescador en toda Europa
y Cocaburras en Australia joven.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOQUINTO YO

Soy un viejo patriarca del Atlántico,
gigante legendario y bondadoso
descendiente directo de los hombres
que poblaron el país de los albiones.

Cuando llegaron los conquistadores
pensaron que mi nombre procedía
de los acantilados de Dover,
cuya espuma es semejante
al ropaje de los hielos.

Bautizaron como Albión
la nueva tierra invadida,
sin sospechar que el futuro
recordaría mi heroísmo
de manera permanente,
generosa y eficaz.

sábado, 4 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOCUARTO YO

No soy supersticioso,
pero llevo mis amuletos
para obtener protección
y alejar todos los males.

Yo soy mi propio adivino
y me aconsejo constante
con las fases de la Luna,
junto a otros elementos
que debo tener en cuenta
para la buena salud,
quitar las contrariedades
y penas de toda índole.

Hago té de milenrama
para acabar con la gripa;
el de lavanda me sirve
cuando los nervios son débiles;
el de salvia no me falla
contra malas digestiones;
el de romero es perfecto
por ser un buen profiláctico;
el de enebro, por diurético,
no tiene comparación:
mejora el flujo en la orina
y da envidiable apetito.

Pero lo más importante
es no fiarse de uno solo
y obtener varios al tiempo
mezclándolos entre sí.

Agregar un talismán
que atraiga la buena suerte,
destierre perros rabiosos,
detenga las hemorragias
y capture a los ladrones,
es el sueño más preciado
que anhelo hacer realidad.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOTERCER YO

Mi nombre no es Paracelso,
ni siquiera Isaac Newton,
pero investigo sin tregua,
en mi búsqueda afanosa,
los misterios de la alquimia
que consagran los poderes
de la eterna juventud.

Con procedimientos exóticos
sumamente complicados
busco la piedra filosofal,
alterando el fuego tanto
que aparecen salamandras
cuyas funciones ayudan
al proceso creativo.

Como todos mis colegas,
creo que el cosmos se hizo
de una materia uniforme,
variada luego por los átomos
que produjeron la Tierra
y demás cuerpos celestes
que vagan por el espacio.

Para mi propósito invoco
al poderoso dios Hermes,
con sus sandalias volantes,
su varita hechizadora
y la flauta que provoca el sueño.

Desde hace bastantes siglos,
igual que mis asistentes,
chamusco mis vestiduras,
mis barbas y mis cabellos
con los chascos cotidianos
que esas labores producen.

Mis apoyos más buscados
son, entre muchos y buenos,
el hígado del cocodrilo,
los esqueletos humanos,
la vejiga de los rumiantes
y una porción de mandrágora;
eso agregado a la lista
de las cosas principales.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOSEGUNDO YO

Soy el príncipe Hasán, propietario de la alfombra
con la cual casi conquisto la mano de Nurimbar,
la más hermosa princesa en el Estado de Bisnagar.

Inútil para el profano tratar de imitar algunos
de estos extraños vehículos,
pues sus formas y colores varían continuamente,
y sólo empresarios hindúes
tienen la fórmula secreta para que sean voladores.

Cuando Alí fue vencedor en el concurso de arquería,
para el cual me preparé con disciplina espartana,
desistí en definitiva de incursiones por el aire;
vendí barata la alfombra,
y desconozco hasta hoy en qué lugar misterioso
se refugia finalmente
aquella gran precursora de los vuelos orbitales.

viernes, 3 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGESIMOPRIMER YO

Me retiraron del cargo por insuficiencia administrativa.
Entonces decidí refugiarme en mi palacio,
localizado en un campo de ciruelos,
donde recibo personajes como el noble Gulliver.

Rodeado de abundancia, comodidades y lujos,
vivo ausente del pueblo que vegeta miserable,
embrujado por el verbo de los neoliberales
y retorcidos proyectistas.

Mi situación, sin embargo, está próxima a terminar,
de acuerdo con ciertas leyes que rigen en Balnibarbi,
pues debo arrasar mi casa y construirla otra vez
teniendo en cuenta la moda impuesta en el territorio
por los famosos teóricos de la Academia Proyectista.

El país se encuentra ahora bajo la ley de Laputa,
donde hace poco impusieron tan absurdas teorías.
La casta de intelectuales
promete mejorar las obras y los métodos agrícolas,
instrumentos y herramientas en toda clase de oficios,
con el ingenuo propósito de cambiar la sociedad.

Estos proyectos son tontos
y yo, monarca en desgracia,
sufro las consecuencias de la torpeza triunfante
que campea en Balnibarbi,
como si fuera la escoria peor de la humanidad.

jueves, 2 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TRIGÉSIMO YO

Cuando una serpiente ampolla
ciertos huevos de gallina
desciendo sobre la Tierra
con mi espantosa figura.
Mi tamaño es el de un gato,
aunque soy el más terrible
de los monstruos conocidos.

Ni el caballero más puro
logra vencer la fiereza
que tienen mi dentadura
y mi forma de mirar.

Con las dos destruyo árboles,
derribo en vuelo los pájaros
y acabo todas las plantas,
salvo la hierba de gracia,
que ha sido siempre tan útil
para brujas practicantes.

De no ser por la comadreja
y el gallo vistoso y fatuo,
acabaría con el mundo
en menos que canta un gallo,
pues el canto de este animal
me mata con sus sonidos
cuando lo escucho alelado.

En cuanto a la comadreja,
que ataca sin darme tregua,
sale siempre vencedora
porque sana sus heridas
con las hojas de la ruda.

Cuando Plotino, el filósofo
que enseñó en Alejandría,
siendo un ciego natural,
tapó los ojos de un miembro
de mi querida familia,
para llevarlo a su casa
después de domesticarlo,
lo vio morir al instante
por el canto de los gallos
y no como se dijera,
por mi espantosa figura.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



VIGESIMONOVENO YO

Soy uno de tantos gnomos
en las montañas de Francia
y hasta en la ordenada Suiza.
Me llaman el Barbegazi,
quizás por mis barbas gélidas
o porque hiberno en verano.

No salgo nunca del bosque,
pues los pocos compañeros
que han caído entre las redes
de leñadores y aldeanos,
han muerto poco después
en extrañas circunstancias.

Con mis silbidos anuncio
las avalanchas cercanas,
y salvo a los moradores
cuando empiezo a deslizarme
por los peñascos helados
como el mejor San Bernardo.

Soy distinto a los parientes
habitantes del perímetro,
quizás por mis grandes pies
que utilizo para esquiar
y porque bajo los carámbanos
llevo un pelambre común.

Me desplazo por los hielos
haciendo diez mil piruetas
sobre abismos verticales.
Puedo esconderme en la nieve
por unos cuantos segundos
y salir de igual manera
aunque me encuentre muy hondo.

Vivo en complejos lugares
junto a picos elevados
con galerías laberínticas
y entradas que están ocultas
entre cortinas heladas.

Sólo aparezco en invierno
con bajas temperaturas
si hay ventiscas suficientes
para ahuyentar los intrusos
que viajan por zonas altas.

Mi voz es muy parecida
al grito de las marmotas
que habitan los Alpes suizos,
y acostumbro comunicarme
a larguísimas distancias,
aunque a veces me confundan
con vendavales alpinos,
o el sonido de los cuernos
que lanzan los cazadores
cuando van por los caminos,
preparados para todo,
en busca de su pitanza.