sábado, 11 de octubre de 2014

Del libro "Poemas misceláneos"



NENCATACOA

Tú, que sabes pintar, tejer, cantar y danzar,
siendo además el dios de las borracheras,
que apareces inopinadamente
con tu cuerpo de zorra reluciente,
entre los matorrales y altozanos de mi tierra,
protege con tu poder mis creaciones,
que aunque siendo tan humildes
rinden tributo y reconocimiento
a los placeres de la carne y del espíritu,
como a ti te agrada.

En cambio te haré diez mil ofrendas
dando lo mejor de mis cosechas
y construyendo ese bohío
al cual he de llevar mi enamorada,
para tenderla sobre un lecho de flores
antes de amarla como tú me enseñas
y como ella siempre lo ha soñado.

Viviremos los tres en bacanales
bebiendo sin pena y sin medida,
igual que Dionisio en Grecia
y Baco en la violenta Roma,
porque aquí en América del Sur
disfrutamos también de los placeres
que conducen directo al paraíso.

viernes, 10 de octubre de 2014

Del libro "Poemas misceláneos"



EL ÚLTIMO SUEÑO

Esta mañana desperté aterrado.
En medio del mar estaba un hombre
solitario y somnoliento
entre la técnica y el confort
de un mundo insospechado.

Las guerreras olas
insistentes pasaban a su lado
majestuosas y viajeras,
con su secuela de sargazos fétidos.

Hornos crematorios, soldados,
bombas, aviones y trincheras,
ciudades indefensas,
negras nubes de explosión pensada,
gritos de sangre y de espanto.

Y en todo el horizonte, perfilada,
la monstruosa metáfora del odio
en dispersa procesión de frases
batiendo el rojo resplandor del fuego
contra un cielo plomizo y delirante.

Del libro "Poemas misceláneos"



SIN TÍTULO

Amo tu vida azarosa,
tu convulsionada belleza,
tu mirada de virgen prostituta,
tus movimientos lascivos e inocentes,
tus abismos y cumbres escabrosos.

Amo tu pasado inconfesable,
tu palabra incendiaria y tu risa de diablesa,
la torva y proclive inclinación
de tus más elementales pensamientos.

Amo en ti lo de adentro y lo de afuera,
la constante desvergüenza
de tus mentiras melosas,
de tus poses obscenas.

Amo esa danzante y prostibularia
mezcla de maldad y pureza
que derramas sobre mí
cuando llegas de pronto, inesperadamente,
a cubrir con tu ternura, ambigua y espontánea,
la nunca fatigada soledad de mi vida.

jueves, 9 de octubre de 2014

Del libro "Poemas misceláneos"



EVA

La de los ojos marinos,
cuerpo insular y sonrisa bucanera,
la de verbo oceánico y espíritu guerrero,
que en un cuento pirata, legendario y nostálgico
como el recuerdo de un amor perdido,
desplegó las velas de mi fantasía
por las aguas bullentes de la imaginación.

¡Eva! ¡Eva! Mi corazón corsario
vuelve a soltar amarras por tu voz de espuma,
por tu abordaje ignoto, por tu batalla inmensa.

En las cofas de mis barcos desolados
he podido revivir edades de oro
al escuchar de tus labios las canciones
que tanto presentí sobre las olas
en esas noches de Luna y de silencio,
cuando busqué fantásticas historias
y una calma imposible a mis tormentas.

Sigue cantando tu canción profunda,
y bese el mar los secretos pasadizos
que circundan tu enigmática belleza,
donde zarpan veleros enjarciados
(polvo de estrellas en tu hermoso pelo)
por las hebras sin fin de tus palabras.

Del libro "Poemas misceláneos"



MI CORAZÓN PIRATA

Una puta a quien amé con toda el alma
me enseñó que la lengua hay que lavarla
para que el mal aliento no haga estragos,
la saliva sea más apetecible
y los labios más sensuales al besar.
Era muy joven y yo también lo era,
pero su experiencia en el amor
sobrepasaba en mucho mi pobre ingenuidad.

Hoy recuerdo, sumido en la nostalgia,
que fuimos dos amantes con esa fuerza ciega
de los que tienen todo aunque de nada saben.
Su cuerpo licencioso era una seda ardiente
guardiana de sus grutas húmedas y tersas
y aquel dulzor salobre de ostra con melado.

Fue así como entendí que hay más ternura y vida
en putas declaradas que en vírgenes de loza,
que aquéllas son el nervio profundo del océano
y éstas (pobres tontas), si acaso pueden ser
algún yerbajo estéril prendido en la ribera.

Entonces, para siempre, mi corazón pirata
soñando con las putas se enamoró del mar.

martes, 7 de octubre de 2014

Del libro "Poemas misceláneos"



NOCHES DE GUATAVITA

Noches de hielo y bruma, de ventiscas
que no apagan mi corazón en llamas.
Noches de Guatavita, la de represa y laguna,
la de leyendas doradas.
Noches sin olvido donde el recuerdo vuela
como gaviota perdida en busca de su mar.
Noches solitarias de amigos y parientes,
noches de poco dinero y de cobijas escasas.
Noches de sueños cálidos, noches íntimas,
certeras, paradójicas, de silogismos llenas.
Noches especiales en su negrura sacra.
Noches ansiosas de tu amor y de tus besos,
noches largas.
Noches de silencio para evocar tu rostro,
noches plácidas
en que la fauna es muda y el universo canta.
Noches que parten hacia el azul profundo
con sus alas de cuervo desplegadas.
Noches de luz oscura y madrugadas solas,
a veces estrelladas.
Noches únicas, en las que presiento
tu risa de campana,
el calor y el aroma de tu cuerpo,
el andar de tus dedos sedosos e incesantes.
Noches de lengua y miel
en recónditos parajes atrapadas.
Noches de Guatavita, noches largas.
Noches de nieve y lluvia, de ventiscas
que no apagan mi corazón en llamas.

Del libro "Poemas misceláneos"



TESTAMENTO

He quemado mi vida en las llamas del amor
entre las piernas de putas y de vírgenes.
He vivido las grandes aventuras
que el corazón impone,
con fervor y audacia inimitables.
He tomado con mis manos el Sol
y me tragué la Luna en noches estelares.

Hoy, ya cerca del ocaso,
sigo alegre y vital por el sendero
que inexorablemente
ha de llevarme de regreso al polvo.

Realicé lo que me dio la gana
y no guardo ningún remordimiento.
Mis cenizas y mi amor,
junto con mis escasos versos,
los dejo al mar, a los peces, a la brisa,
y por supuesto, sin reparo o engaño,
a quienes aún contra su fe me amaron.

lunes, 6 de octubre de 2014

Del libro "Poemas misceláneos"



SAMURAI

Un samurai anónimo del siglo XIV,
cuando escribió su credo de guerrero
declaró con decisión sagradas cosas:
No tengo padres; por tanto serán ellos
la Tierra, el Cielo, el Universo entero.
Carezco de hogar y solamente
mi propia conciencia puede serlo.
No temo a la vida ni a la muerte,
pero mi respiración serán las dos,
con el honor como poder divino,
ya que carezco de divinos poderes.
No tengo medios de ninguna clase,
salvo la decisión de ser guerrero.
Desconozco los secretos mágicos
que puedan hacerme invulnerable,
siendo mi mejor secreto
la fortaleza, el dominio y el carácter.
Mi cuerpo, aunque débil y gastado,
aún tiene valor y resistencia
para luchar con singulares métodos.
Mis ojos, ya vencidos por el tiempo,
conservan, sin embargo, el fuego
y el resplandor fulmíneo del rayo
que danza en la mitad del universo.
Aunque falta el rumor a mis oídos
percibo la creación poética
y el canto de las aves dentro.
Mis miembros casi no responden
y la presteza la llevo en el cerebro.
Si me falta resistencia, entonces
la reemplazo con mi pensamiento.
Los proyectos son escasos, pero
tomo siempre la ocasión al vuelo.
No creo en los milagros, aunque vivo
soberbio y solo milagrosamente.
Mis principios, pocos pero firmes,
los mantengo en toda circunstancia,
siendo el más poderoso y el primero
rechazar las condiciones humillantes
que el mundo deposita en mi balanza.
De tácticas carezco, y no por eso
me aterran la traición y la violencia,
mientras gozo el amor a plenitud
mezclando el corazón con el cerebro.
No soy rico en talento y sólo tengo
probidad y agudeza en contraparte.
Sin amigos ni enemigos voy atento
al peligro que puede aniquilarme.
Entrego mi armadura sin engaño
y al destino me acojo por entero.
Desprecio los palacios y los reyes
que cambio por la ley del pensamiento,
con la que viajo seguro y decidido
por los arduos caminos, solitario,
en tanto mi sable omnipresente
se dobla ante el buril de la palabra
que brota compasiva entre los sabios.

Del libro "Poemas misceláneos"




PARA QUE NO SE OLVIDE

Friedrich von Spee (pronunciado Shpay), jesuita alemán, tan desafortunado que tuvo que escuchar las confesiones de muchas mujeres “brujas”, publicó en 1631 un libro titulado Precauciones para los acusadores, donde narraba con brillantez y franqueza el terrorismo de la Iglesia y el Estado contra aquellas “diabólicas criaturas”, antes de morir víctima de la peste sin recibir su merecido castigo.

Producto de la imaginería popular, las brujas eran juzgadas por los amantes de la envidia, la calumnia, la maledicencia y las insinuaciones falsarias. Los poderosos exigían a sus jueces abrir procesos contra ellas aunque ignorasen cómo empezarlos sin evidencia objetiva.

Toda indecisión era sospechosa, al considerar que la duda se asentaba en actitudes cómplices, y ofender a los Señores del abuso se tornaba en delito imperdonable. Los jueces prevaricaban y el pueblo recibía estipendios por cada bruja en la hoguera.

Si desvaríos o rumores maliciosos salían de cualquier demente, aquella bruja (mujer inofensiva) sufría las consecuencias, producto de su mal comportamiento. Si llevaba una vida buena y sana igualmente debía ser quemada, pues las brujas saben simular un virtuosismo diabólico.

Venía entonces un dilema adicional: sentir miedo o no sentirlo. Si lo sentía, por los gritos de las torturadas, era una prueba irrefutable, pues la conciencia impugna. Si no (confiando en su inocencia), también era culpable, porque las brujas saben fingir y llevar la frente alta.

Los sabuesos, a veces depravados, hurgaban en su vida personal hasta encontrar una frase o circunstancia que los inquisidores pudieran convertir en prueba de brujería rampante. Era entonces conducida hasta el potro de tormento o cualquier otro lugar propicio para ser atropellada.

A ninguna le daban abogado ni otros medios para defenderse, porque ese delito excepcional ameritaba suspender las garantías. Para cubrir las apariencias era conducida ante los tribunales, con el pretexto de examinar cualquier indicio de culpabilidad. Si negaba las acusaciones argumentando adecuadamente, no se le prestaba atención ni se consignaban sus respuestas.

Se la llevaba de nuevo a la mazmorra para que reflexionara y desistiera de su obstinación. En caso diferente, como negaba su culpabilidad, se consideraba poseída y testaruda.

Al despuntar el alba se la conducía fuera con el fin de leerle el decreto de tortura como si aceptara las acusaciones. Se le afeitaba el cuerpo y examinaba hasta en sus partes íntimas buscando cicatrices o amuletos delatores. Afeitada ya y examinada volvían a torturarla para sacar verdades y escuchar lo que todos deseaban. Eran torturas sencillas pero extensas, pregonando (si la mujer lo hacía) que declaraba voluntariamente.

Confesa o no, el resultado era el mismo. Si confesaba, su culpa era muy clara; si negaba, la maltrataban de nuevo; si se contorsionaba, era por la risa; si perdía el sentido, era por el sueño o el hechizo de algún aletargante. Y aletargada podía quemarse viva. Los confesores afirmaban que moría impenitente y obstinada, pues no se había convertido ni abandonado a su íncubo. Si moría despierta durante la tortura el Diablo le había torcido el cuello.

Si un juez, de manera excepcional, le perdonaba la hoguera, se la volvía a la cárcel para ser encadenada hasta que se pudriera o deseara la muerte. Una vez arrestada no podía liberarse porque siempre tenía que ser culpable. Nadie debía visitarla, y quien lo hiciera era mirado como sospechoso, mientras se inventaban más pruebas para mostrarla infractora y condenarla, diciendo obrar escrupulosamente.

Algunos decidían exorcizarla ordenando la tortura una vez más para sacarla del letargo. Si persistía en el silencio la quemaban sin remordimiento. Si por su dolor la bruja confesaba, se le imponían nuevos castigos y el deber de acusar desconocidas a gusto del investigador. Así se denunciaban a otras tantas, formando una cadena interminable con familias enteras que morían (sobre todo del sexo femenino) entre los palos de la hoguera, por ser convictas, sin perdón posible.

Los tormentos eran muy variados: darle arenque con salmuera y después negarle líquido; sumergirla desnuda en un baño donde el agua con la cal hervía. También el caballo de madera, varios tipos de potros, sillas de hierro al rojo vivo, tornos de pierna y botas de metal repletas de plomo derretido. Tragar agua por medio de una gasa que provocaba asfixia, y luego retirarla rasgando las entrañas (tormento de la toca). Las empulgueras comprimían el pulgar de la mano o el dedo gordo del pie junto a la raíz de la uña, donde el dolor es insoportable. El trampazo (tormento macabro de los mejores libros de brujería) se aplicaba a la víctima hasta su libre declaración.

Así (jóvenes y bellas casi siempre) fueron perseguidas y acusadas, encarceladas, torturadas y eliminadas por la vesania de los inquisidores, en nombre de un Dios todo poderoso, creador del Cielo y de la Tierra, sabio, justo y misericordioso, venerado por los áulicos cristianos que pululan como moscas en campos y ciudades donde habita la podrida Sociedad Occidental.

domingo, 5 de octubre de 2014

Del libro "Poemas misceláneos"



AVENTURERO

Zarpar de Nantucket, igual que Melville,
en pos de la ballena fantástica,
llevando en mi cabás el sueño
y la fascinación de misteriosos mares,
hasta Cabo de Hornos, para bañar allí,
en las revueltas aguas de la Tierra del Fuego,
mi espíritu estepario y errabundo.

Seguir hasta las islas Canarias,
doblando luego hacia el lejano Sur
en busca del cabo de Buena Esperanza,
mejor llamado Cabo de las Tormentas,
antes de internarme silenciosamente
por las corrientes del legendario Índico.

Siempre navegando por distintas aguas,
pasar la vida como simple aventurero
en el buque luminoso de la fantasía,
sobre las moles del eterno olvido,
la fiebre desmedida de la imaginación
y el amor por la remota estrella.

Del libro "Poemas misceláneos"



POETA DE LA ARCILLA

A Héctor Arbeláez


Él sabe su nombre; para qué decirlo.
En sus manos la tierra cobra vida
con su carga de rosas y de espinas.

A esa que un día volveremos
le arranca extrañas formas
hundiendo sus dedos en la arcilla,
fresca y tosca al principio,
luego suave, dolorida y bella.

Con torpe palabra canto ahora,
en estos versos míos,
al genio talentoso y perdurable
que moldea el universo en barro,
buscando el sello de la eternidad.