martes, 28 de enero de 2014

Del libro "Poemas escandinavos"



VERANO

Verano es mi nombre
y soy enemigo de Invierno a perpetuidad.
Él quiere gobernar en todo el Norte,
pero no lo permitiré
aunque en ello se me vaya media vida
y el fuego que guardo en el corazón
para bien de los hombres y de todo.

Desciendo directamente de Svasud,
el suave y encantador, que nunca llora.
Adorno el amanecer y el bello día
con mis rayos abrasadores y constantes.
En las noches muestro la Luna y las estrellas
con transparencia inusual.

Permanezco en el cielo
más tiempo de lo acostumbrado
sobre mi carroza de brillante luz,
aunque no en Primavera ni en Otoño,
cuando las horas miden con igual rasero
los ciclos de sueño y de vigilia.

Tengo un carácter gentil
y soy amado por todos, excepto por Invierno
que trata de estrellarme contra los fiordos,
abrazarme con su viento helado
y enviarme por envidia al mundo de las sombras.

lunes, 27 de enero de 2014

Del libro "Poemas escandinavos"



RUEGO A ODÍN

A ti,
el más grande del panteón escandinavo,
omnipresente espíritu del cosmos,
personificación del aire,
soplo de clarividencia y poesía,
rey de los muertos y los no nacidos,
amo del conocimiento universal,
padre y abuelo de los otros dioses,
líder protector de príncipes y héroes.

A ti,
dueño del trono en la mansión de Asgard,
desde donde vigilas con tu ojo único
lo que sucede en el mundo de los elfos,
los gigantes, los enanos y los hombres.

A ti,
dios de las batallas, Señor de los mortales,
te ruego me concedas tu capa azul, tu lanza
y el anillo cuya belleza no tiene comparación,
para proteger mi viaje por la Tierra
y andar tranquilo en el mundo de los vivos.

Préstame también tu sombrero de anchas alas
y tu casco de águila divina
para que adornen mi calva y me defiendan
de aquellos maleficios que nunca han de faltar
en mi errático trayecto de rapsoda
por los sitios más brutales del planeta.

Te ruego asimismo me prestes por un día
los cuervos que luces en tus hombros,
para echarlos a volar una mañana,
y que vuelvan rendidos al caer la tarde
con lo visto y oído sobre la faz de la Tierra.

Y esos lobos que yacen a tus pies como podencos,
los que alimentas con tus propias manos,
también los necesito para encontrar las Nornas
que en forma tan proclive tejieron mi destino.

domingo, 26 de enero de 2014

Del libro "Poemas escandinavos"



UN REY VIKINGO Y SU RAMERA

En la aurora de los tiempos
existió dentro de mí un corazón floreciente.
Dentro de él una ciudad
y dentro de la ciudad la más tranquila dársena,
protegida por un dique que se abría
en la hora culminante de la bajamar.

Allí, sereno y confiado, fluía el río de aguas claras
donde bañaba mi cuerpo y el de mis valkirias.
Sólo yo –el Rey– tenía la llave.

La preferida de mis sueños, disoluta y perversa
como probé después ante los tribunales,
una noche de luna me la robó diciendo
que se la daría al primer amante que hallara
dispuesto a estrangularme y a premiar sus veleidades.

Éste abrió las compuertas con el propósito
de anegar mis campos y castillos con sus habitantes.
Gracias a Odín y a otros dioses
que jamás me abandonaron en ninguna circunstancia,
pude escapar ileso de aquella perfidia infame.

Aún reino en Escandinavia, mi península,
con una bella ciudad dentro del corazón
que ofrece, como antaño, una dársena tranquila,
cuyas esclusas manejo con un sistema electrónico.
Sólo yo –el Rey– tengo la clave,
y una nueva enamorada que la desconoce.

viernes, 24 de enero de 2014

Del libro "Poemas escandinavos"



ASGARD

Desde el inicio de los tiempos
se reservó para morada de los dioses
el centro del sagrado espacio.
Allí se construyó, entre jardines,
e invulnerable como la eternidad,
el castillo celestial de Asgard.

En él, Odín convocó la asamblea
para el Gran Consejo, donde se acordó
el no derramamiento de sangre
dentro de los límites del reino.

Con la idea de garantizar la paz
los dioses construyeron una fragua,
en la cual pudieron diseñar
toda clase de instrumentos y de armas.
Edificaron también muchos palacios,
donde vivieron incontables años
bajo el manto de la felicidad.

Pero Odín y sus colegas,
embriagados por sus muchos logros,
no sembraron la paz entre los hombres,
que aún persisten tozudos en la guerra
como prueba final de su estulticia,
maquillada por la brutalidad.

Del libro "Poemas escandinavos"



EL OTRO

Fui el Odín de carne y hueso,
jefe de los esir en Asia Menor.
Pero los romanos asolaron nuestras tierras
y tuvimos que emigrar hacia Europa,
principalmente a Rusia y Alemania,
Suecia, Noruega y Dinamarca.

En cada uno de los sitios conquistados
dejé un hijo sobre el trono,
y al sentir que mi muerte estaba cerca,
el Supremo antecesor se hirió en el pecho
nueve veces con su lanza, ante los súbditos.

Dijo que era tiempo de volver a Asgard,
donde a los dos nos esperaban,
para compartir con dioses y con héroes,
un sin fin de historias, honores, y festines. 

martes, 21 de enero de 2014

Del libro "Poemas escandinavos"



YO, EL SUPREMO

Soy la personificación del Cielo,
amante y marido de la Tierra,
pero tengo otras esposas y concubinas
que dan gloria a mi sagrada estirpe.
Una es Erda, hija de la Noche,
madre de Thor divinidad del trueno.

Mi segunda y principal es Frigga,
materialización del mundo civilizado,
en quien puse la semilla de Balder,
amable y bello dios de la Primavera.

En Rinda, mi tercera esposa
(símbolo de la tierra áspera y helada,
que inconforme cede ante el ardiente abrazo),
engendré a Vali, emblema de la vegetación.

También desposé a Saga, diosa de la Historia,
a quien visito en su castillo de cristal
situado junto al río de aguas gélidas,
para beber de su cauce y escuchar canciones
acerca de tiempos idos y razas olvidadas.

Así vivo y reino con todas mis mujeres
sobre las tierras y mares de Escandinavia,
como Yo, El Supremo, El Indiscutible,
Señor y Autoridad de todo lo creado.

Del libro "Poemas escandinavos"



LOS VIKINGOS

Los vikingos
fueron los últimos guerreros paganos de Europa.
Invadieron y devastaron a todos los cabrones
que se matricularon en la nueva religión.
¡Con ellos el poder y la inmortalidad!

Los vikingos
me enamoraron desde el día en que los conocí.
Fue un amor a primera vista, y eterno
como sus escaldos, su bravura y sus conquistas.
¡Con ellos la poesía y el valor!

Los vikingos, vivirán eternamente
en la memoria del mundo,
como una flor de acero, o un latigazo
en la espalda de esta puta
y miserable humanidad.

jueves, 16 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



QUINCUAGÉSIMO YO

Al bajar los dioses a la Tierra
tomé posesión de varias islas
entre España y Centroamérica,
al ver que las selvas parecían
esmeraldas dispersas por el suelo,
las flores entregaban sus perfumes,
el ganado pastaba en las llanuras
y las fuentes primigenias simulaban
cristalinos senderos del entorno.

Pronto descubrí unos pobladores
inteligentes y recién llegados,
sin gobierno y formación social,
que ignoraban las voces más sencillas,
incluyendo las propias de su tierra.

Crucé bosques, oteros y sembrados
antes de seguir hacia las cumbres,
donde hallé una joven prisionera
de mirada orgullosa y penetrante,
que despertó mis ansias amorosas
con su flexible y torneado cuerpo.

De diez hijos, Atlante fue el primero.
Entonces decidí que el archipiélago
llevaría el nombre de mi primogénito,
declarándolo con mis otros vástagos
gobernador de tan hermosas islas.
Los diez las regirían en conjunto
de manera equitativa y solidaria.

Explotaron los recursos naturales,
siendo industriosos en tecnología
y cultos en la ciencia y en el arte.
Una urbe de círculos concéntricos,
detrás del montículo y las aguas
fue su inicial y más bella creación.

La ciudad irradiaba como un astro
de marmórea y tricolor arquitectura,
engalanando sus enormes puertas
con enchapados de celeste brillo
e innumerables piedras finas.

Alrededor del pináculo embrujado
las nubes danzaban juguetonas,
y una efigie de mi regia anatomía
se alzaba triunfadora hacia lo alto
sobre un carro sirgado por delfines.

En los puentes colgantes de los círculos
cien jardines adornaban las cascadas
que descendían por las arboledas;
observatorios, academias y museos,
bibliotecas y colegios demostraban
que Atlántida era un foco universal
del comercio, las ciencias y las artes.

Comuniqué la cima con el mar
y construí muelles en los círculos
para desarrollo de la economía
y asombro de los visitantes,
que admirados de tanta maravilla
loaban sin fin cuanto veían:
la frescura de la brisa mañanera,
el abigarrado comercio artesanal,
los concursos, las fiestas culturales
y la sapiencia de los gobernantes.

En esas celebraciones quinquenales
deliberaba con mis consejeros,
mientras nobles y ricos hacendados
donaban toros de lustrosa piel,
que guardaba con rigor y esmero
en la parte secreta de los templos,
antes de iniciar las ceremonias
donde diestras y fornidas manos
doblegaban las bestias ritualmente
hasta dejarlas tendidas en el suelo.

Enseñé a los mayas y a los incas
formas de construcción piramidal,
igual que el proceso metalúrgico,
el desarrollo de la nueva astronomía,
la medicina y demás ciencias,
llevánolas también hacia Egipto
donde reinamos numerosos años.

Estimulé la lectura y la escritura,
las matemáticas y sus complementos,
la arquitectura, las leyes y el civismo.

Paz y prosperidad fructificaron
bajo la sombra de una flota inmensa,
maniobrada por un moderno ejército
que ni Marte se atrevió a enfrentar.

Una infausta mañana, sin embargo,
mis diez hijos miraron hacia el mar,
y se embarcaron a lejanas tierras
en pos de las tribus amerindias,
la nueva Europa (sobre todo Grecia),
sin descartar el continente asiático.

En Atenas volaron tantas flechas
que el firmamento se opacó en el acto,
y los caballos, como truenos del Olimpo,
galoparon bajo el brillo de armaduras
que cegaban los islotes y las aguas,
las playas solitarias y los puertos.

Las lanzas enemigas se tornaron
como duras espigas en los campos,
y mis hijos, finalmente derrotados,
azotaron de nuevo los caminos
de las vastas llanuras oceánicas.

Oleadas calientes y ambiciosas
engulleron barcos y guerreros
como frágiles trocitos de papel;
la tierra tuvo graves convulsiones
y el océano rugió de costa a costa
en su cuenco de rocas y montañas.

El planeta voló en diez mil pedazos
abriendo abismos de fatales grietas,
con caninos de magma entre su boca,
mientras los mares, tozudos y violentos,
sepultaban, sin tregua y sin piedad,
eso que tanto me costara un día
por mi codicia de poder divino,
en esa hora de vientos malhadados
que hinchó sus velas y los vio partir.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



CUADRAGESIMONOVENO YO

Cuando por vez primera, en la taiga siberiana,
posé mi pata izquierda sobre la madre Tierra,
surgió el ajo penetrante y su prima la cebolla.

Protección es el primero contra fantásticos seres,
la segunda condimento para exquisitos manjares;
ambos suelen alejar a visitantes nocturnos
cuya presencia es nociva o muy poco deseable.

Este linaje infernal me afianza contra vampiros
si fabrico las guirnaldas con tallos y bulbos secos,
para colgar en las puertas y barandas de las camas.

Por esa misma razón, mi pezuña endemoniada
es fortaleza segura frente a cualquier maleficio,
diferente a tanto chisme que contra mí se propaga.

Y yo, Satán, quedaré gratificado por siempre
con los que tengan presente la vigorosa influencia
que proporciona la magia particular de mi casco.

miércoles, 15 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



CUADRAGESIMOCTAVO YO

Poseo atributos y defectos
como cualquier ser humano:
avaricia, valor, nobleza y odio,
amor, desesperanza y cobardía.
Amo el corazón de los rubíes
y la risa de los enamorados.

Apuesto a favor de los dioses,
aunque quizás no existan,
por las siguientes razones:
una ser digno de sus favores;
otra, no tenerlos en mi contra
para vengarse de mi rebeldía.

Enojaríase el primero de los nórdicos,
ignoraríame la deleitable diosa,
negaríame el más leal de los bretones,
o castigaríame con su violencia Marte
enviándome sin compasión alguna
a la oscura morada de los muertos.

martes, 14 de enero de 2014

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



CUADRAGESIMOSÉPTIMO YO

Aliento el espíritu del cosmos
como mago de los esquimales,
poseído por la esencia misteriosa
que guardo en mi doliente corazón.

Defiendo los derechos de la tribu
para que viva y pesque sin pesares,
mientras intento mejorar el clima.

Emprendo mi periplo hacia el océano,
donde visito la diosa de las aguas.
De regreso al iglú (sellado por el viaje)
comunico el mensaje de los dioses.

Si hay que trasladar los campamentos
a territorio donde la caza es segura,
dejo rodar la vida como en antiguos tiempos,
para que las tribus no padezcan las penurias
que tanto les preocupa, sin faltarles la razón.

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



CUADRAGESIMOSEXTO YO

Prisionero en una isla
de costas acantiladas,
donde no atracan los barcos,
vivo allí sin ilusiones
porque no existe ni un puerto.

Está unida al continente
por un istmo intransitable,
debido a las erupciones
de numerosos volcanes.

Los aviones que despegan
con dirección a la misma,
son atacados por pájaros
de tamaño gigantesco,
y por guardianes que miden
treinta o más metros de altura
en sus caballos de nubes.

La autocracia gobernante
desde el siglo XVII,
es igual o más podrida
que todas las anteriores,
con guerras intermitentes,
golpes de estado y masacres.

El soberano lo niega
de manera intransigente,
diciendo que los ingleses
somos simples sabandijas
que vivimos copulando
sobre el lomo de la Tierra.

Dice también ese rey
que la imprenta fue creada
compitiendo con los chinos,
aunque eso no puede ser,
porque él es analfabeta
y apenas tiene dos libros,
que ya fueron revisados
por el sabio Gulliver.

La consorte del monarca
se apegó tanto al enano
que lo volvió su mascota,
llevándolo a recorrer
muchos sitios del país.

Y todas las cortesanas
que retozaron con él,
se presentaban desnudas
sin el menor disimulo.

Pero el bello visitante
fue rescatado en el mar,
cuando un ave de rapiña
lo abandonó, por fatiga,
en una caja que había
sustraído de la costa,
mientras la reina viajera
descansaba sin el reo.

Fue trasladado a Inglaterra
por el oportuno barco,
y allí narró su aventura,
que nadie quiso creerle
aunque mucho lo intentó.

En cambio yo sigo aquí
sin esperanza ninguna
de obtener la libertad,
que sí consiguió el enano
por un golpe de fortuna
que no se acordó de mí.