jueves, 12 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



OCTAVO YO

Desciendo de las tribus
que poblaron el antiguo Albión;
José de Arimatea me sedujo
cuando su cayado floreció
como un espino blanco.

Habito entre brumas y aguerridos árboles
como amigo de las hadas y los goblins
que moran junto a los castillos,
protegiendo a los artesanos
que trabajan en las tierras bajas.

Abunda el metal en mi país,
donde se forjan armas y armaduras
con diseños y poderes mágicos;
existen allí piedras preciosas
junto a las minas de cobre, plata y oro,
con las cuales adorno la belleza
de sus jóvenes mujeres.

Me dedico a las virtudes y al valor
donde requieran mis servicios,
o haya sido raptada una doncella.

Los vecinos envidian las riquezas
del amplio y legendario Albión,
e invaden con frecuencia mis dominios
cuando fuerza y magia, reunidas,
les proporcionan negativa astucia.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



SÉPTIMO YO

La undécima casa es mi morada
y soy llamado el Aguador;
desde allí oriento las lluvias del norte
cuando la Tierra pasa, entre enero y febrero,
por mis dominios cósmicos.

Conservo mi belleza, y de todas partes llegan
para ver mis ejercicios desnudo,
que seducen, incluso, al Señor del Panteón.
Él decidió nombrarme su pincerna exclusivo,
dándome como pago una mansión en el cielo
a manera de constelación.

Despierto y amigable hago tratos amistosos,
aunque mi mente sensible
discute con violencia para imponer sus razones.
Después de refrescar a los humanos
otorgo a los de mi signo, con mis artes siderales,
los dones y los poderes de los amos del Olimpo.

martes, 10 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



SEXTO YO

Deambulo imparable entre los árboles
como pez en la corriente de los ríos
o en el agua sinuosa de los mares;
caprichosas turbulencias marcan
en el mundo mi destino,
pero ni el dictador más poderoso
vencerá los huracanes de mi espíritu.

Soy amigo y enemigo de los tiempos
con mi móvil y azarosa maquinaria;
viajo siempre con paso indefinido
y mi nunca refrendada anatomía,
hasta el último horizonte geográfico,
produciendo aluviones y naufragios.

Fui creado, se dice, por un monstruo
que quiso castigar a los vivientes,
incluso a las estrellas
y planetas que azotan el espacio.

Me han rendido homenaje las sirenas,
las águilas, los barcos, los aviones,
y cuando el cosmos estuvo descontento,
destrocé a los humanos con diluvios
o arenales movedizos y quemantes.

Modifico cada día mi carácter,
ante el jefe y el pequeño funcionario;
los destruyo o me aproximo servicial
con ardides tornadizos y traviesos,
porque sé manejar los mecanismos
que propulsan las hélices del viento.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



QUINTO YO

Soy especialista en bebedizos y otras hechicerías,
como hacer que los objetos me obedezcan,
mientras algunos portavoces domésticos
intentan sólo construir viviendas,
y eso en contadas ocasiones
porque no saben dominar los elementos.

Cuando el primer hombre sopló la caña
intuyendo un sonido distinto y armonioso,
comenzó su progreso y su desgracia;
pensó que la caña tenía espíritu
y que otras cosas también lo poseían;
inició rituales buscando la obediencia
por el impulso de amansar el cosmos.

Eligió dioses para cada grupo,
y utilizando palabras apropiadas
junto a ricas y exóticas ofrendas,
consiguió animar lo inanimado
para el éxito final de sus empresas.

Con el paso de siglos y milenios
el mago,
convertido ya en un técnico,
grabó las leyes primordiales
como sello real de lo creado.

Y yo sigo entre sombras
viviendo al filo del milagro básico
que todos llamamos pensamiento;
por eso preparo bebedizos,
haciendo que las cosas me obedezcan
porque puedo penetrar en sus espíritus.

martes, 3 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



CUARTO YO

Habito en un país de asombro,
no gozoso sino lleno de sorpresas,
al otro lado de las cordilleras,
más allá del horizonte,
tras los mares inclementes,
cerca de imaginadas estrellas.

Allí tejo historias de lugares prodigiosos
y seres inexistentes
para los proscritos de la fantasía;
mundos más amplios y distantes
que gigantescas constelaciones,
cuyos diámetros impredecibles
aplastan a los cerebros triviales.

Son mi válvula de escape,
mi polo a tierra
para una existencia oprimida
por locuras y desastres,
cofre de riquezas no posibles
con las tarjetas de crédito,
mina de diamantes y rubíes
pulidos por un áspero buril
en los talleres de la imaginación.

País que me brinda el horror
y la indescriptible nostalgia,
velero sobre el cual navego
entre cifrados pasadizos,
vedados a todos los incautos
carentes de la clave misteriosa
que abre las puertas de la rebelión,
trinchera de los elegidos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



TERCER YO

Cuando el mundo invisible
del suelo y del subsuelo
está más cerca de nosotros,
amo deambular por los caminos
en las cálidas tardes de verano,
escuchando la quietud campestre
y el sonido de los campanarios
que invitan a la magia y al reposo.

El espíritu amatorio de la tierra
revela sus secretos inaudibles
para simples e incrédulos viajantes
trastornados por la tecnología.
Las hadas, los gnomos y los goblins
desdoblan sus cantos y salmodias
desde los setos floridos;
las brujas, entre árboles ya huecos,
exploran en silencio con los duendes,
soñando infiernos en las grietas
y edenes en el alto firmamento.

Soy parte de esa especie misteriosa
que habita dimensiones ignoradas
más allá de los hombres y los pueblos,
y traspaso barreras de conciencia
con buenos y malos resultados;
ayudo a que lleguen o se vayan
encantamientos, ofrendas y delirios,
oscuras influencias y otras cosas
gobernadas por leyes implacables.

Leyendas y mitos inventados
para explicar fenómenos y casos
están ya demostrados en mi vida,
con tanta y tan exacta información
que sería imposible enumerarlos.

Sobre el suelo y debajo de mis pies
crepita un universo fascinante,
donde no es necesario reinventar
las viejas historias que describen
truenos, tempestades y relámpagos,
hecatombes, seísmos y tsunamis.

Mis antepasados, con sus mentes
más raudas y lúcidas que ahora,
existían, escuchaban y veían
un mundo no real y sí fantástico
para el miope mortal contemporáneo.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



SEGUNDO YO

A ti, que te burlas de los sueños
y desoyes los ecos ancestrales
que vuelan con el ala de los vientos,
que ignoras el beso de la poesía
y te niegas a expandir tu pensamiento
por el mar inquietante de lo incógnito,
que desprecias los hechizos
forjadores de profundas dimensiones
y no vistas realidades.

A ti, depredador empecinado
de la flor que perfuma los caminos
en las praderas de la fantasía,
que no admites generoso
la mezcla de mitos y de ciencia,
ni la tenue frontera que separa
la pesada materia de lo abstracto.

A ti, revoltoso desterrado
del cosmos que anida en tu interior,
que ríes despectivo a carcajadas
aferrado a mezquinos intereses,
te invito a que leas mis poemas,
no para trocar tu risa en lágrima
sino para que sientas los influjos
que danzan como mágicas poderes
en los tablados de la imaginación.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Del libro "Poemas de un esquizofrénico"



PRIMER YO

Soy una potencia cósmica,
nunca diferente y nunca igual;
adopto tantas formas y matices
que nadie sabe mis infinitos nombres
en el efímero lapso de su vida.

Existo en todas las estrellas
y en la más pequeña ola
que se desliza en el mar,
en todo lo que ha sido y es,
encima y debajo de la Tierra,
antes y después del caos.

Cada idioma y cada especie
cuentan mi propia historia,
con el verbo de los elementos
que yacen en las órbitas ilímites.

Desde mis campos siderales lucho
contra las fuerzas hostiles
de los Grandes Progenitores,
celebrando batallas y banquetes
en cada rincón del universo,
desde el Big Bang hasta hoy,
desde el Big Crunch hasta siempre.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Del libro "Poemas de mediopelo"



SOBRE MIS ACCIDENTES
Y ENFERMEDADES

Soy un hombre saludable y me encanta disfrutar
los placeres que la vida me presenta en el camino,
pero en mi larga existencia he padecido igualmente
accidentes y afecciones, que aunque no definitivos,
me acercaron al brumoso caserón de los fantasmas,
y a varias convalecencias.

De siete años no cumplidos fui atacado brutalmente
por un tifo fulminante y aguda peritonitis
que me pusieron al borde de un cementerio rural,
pese al tesón de mis padres y algunos buenos vecinos,
que se unieron solidarios, para evitar como fuera,
una tragedia mayor.

Esto dio por resultado, en mi frágil contextura,
un desaliento excesivo y el empeño irreversible
de rechazar los bocados que me daban los amigos,
el boticario y el cura, mis viejos y un policía.

Fueron ocho largos meses en los cuales practiqué
vacilante y precavido, mis nuevos primeros pasos,
con el apoyo irrestricto de la mano de mi madre,
que nunca se acoquinó por los proclives ataques
de mi precaria fortuna, villana y desobediente
en esa oportunidad.

Por ser alguien atrevido en pilatunas y riesgos
desde mis años primeros imité las aventuras
del Llanero Solitario, lanzándome de un barranco
para caer a horcajadas sobre mi hermoso caballo,
con tan infausta fortuna que el testículo derecho,
por la violencia del golpe quedó medio estrangulado.

Otro ejemplo favorito fue el intrépido Tarzán;
para emularlo, una vez me tiré desde un altillo
a lo profundo del charco en la quebrada de El Mion,
cuyas aguas transparentes eran tan frescas y limpias
como el manantial Urdar.

Pero la suerte traidora no quiso estar de mi parte
en ese acontecimiento, y me lanzó sin reparos
contra el filo de una roca, que se hallaba sumergida
en una esquina del charco;
mi testa quedó incrustada en la punta de la piedra,
como papaya madura o desnudo requesón.

Enrojecí la corriente, y aturdido por el golpe
quedé en manos de los primos, que siempre me acompañaban
en todas mis correrías, por ser compinches devotos
de tan locas aventuras, arriesgándose conmigo,
pese al furor de sus padres, como lo manda la hombría.

Más adelante en el tiempo, un sarampión galopante,
de aquellos que no permiten ni la menor esperanza,
llenó mi rostro y mi pecho de granos rojos y oscuros,
alta fiebre y dejadez, mientras pasaba las horas
en un cuarto feo y sucio, mirando lo que una tía
de rostro vinagre y necio, tuviera el gusto de hacer
para cuidarme sin prisa con sus manos de mandril.

Hablaré de otros asuntos, practicados en silencio
desde muy temprana edad, por carecer, ¡qué tristeza!,
del habitual complemento que todo varón requiere
en sus noches de pasión, mientras mi padre, implacable,
apoyándose en las fábulas del dueño de la farmacia
y unas cuantas solteronas adscritas al batallón
de la Divina Pureza, juraba diez y mil veces
que tales vicios pondrían cien fístulas en mis manos
y una piel de sietecueros, rugosa y descascarada,
sin que pudiera por eso librarme de los suplicios
que tiene Dios preparados para tales desafueros.

Huyendo de los terrores que dichas cosas infunden,
inicie labores nuevas en otras fincas de caña,
donde cansado, una noche resbalé sobre una paila
repleta de miel hirviendo, que me dejó sin respiro,
nervioso y medio tullido, mientras la carne caía
como papel mal pegado en una pared de tapia,
o talvez en las rendijas de algún cancel mal clavado.

En puro hueso y con riesgo de amputación rodillera,
estuve inservible un año, después de ser recluido
en el hospicio del pueblo, donde leí a Don Quijote
y conquisté la enfermera, que prestaba sus servicios
con fervor y mucho tacto, a pesar del poco sueldo
que pagaba el municipio en esos lejanos tiempos.

Tan pronto salí a la calle se me olvidaron sus besos,
brindados a borbotones en momentos de pasión,
no por ser varón ingrato, sino por esos prejuicios
que impone la sociedad en cuestiones amorosas
y toda clase de asuntos, cuando se habla en sotto voce
del dinero y de la edad.

Luego fueron las parótidas, inflamadas hasta el tope,
mejor dicho, las paperas, donde el azar, oportuno,
no dejó pasar el virus a las partes inferiores,
como sucede a menudo con muchos desorientados,
que se imaginan inmunes a cualquier padecimiento
o a traiciones y accidentes que son eventos comunes
en el diario acontecer.

Merced a la diligencia de mi demonio interior,
les confieso de una vez lo que también sucedió:
Engendré sin gran esfuerzo dos hijas sanas y bellas,
en dos mujeres distintas que hace tiempo fallecieron,
y ayudé a bastantes damas con mis besos y caricias
a que fueran muy felices cuando conmigo perdieron
el bien de su castidad.

El tifo llegó de nuevo con tres duros paludismos,
adquiridos en las costas del Pacífico chocoano,
mientras andaba en labores de pesca y agricultura
en esa tierra de ensueño, que pasa por mi memoria
como gaviota extraviada hacia el blanco porvenir.

Debo agregar la hepatitis y un lipoma en la cabeza,
sin contar las cirugías que me fueron practicadas
en tres oportunidades, además de lo que llaman
almorranas o hemorroides, un tormento tan horrible
que no me atrevo pensarlo para el peor enemigo,
a no ser que lo disfrute por gustos particulares
que no me atrevo decir.

La lista sería muy larga, porque el asunto no para
en lo dicho anteriormente; apenas voy a nombrar
el Premio de Apendicitis, que me otorgó con honores
el Hospital de San Blas, donde fui a parar un día
cuando viví en Bogotá, reforzado en este caso
por otra peritonitis como mención especial.

Después llegó la factura por un millón ochocientos
setenta y siete mil pesos, para el segundo lugar,
cantidad que conseguí con un amigo importante,
que llevaba en sus bolsillos tarjetas, cheques y plata,
no por ser un emergente sino astuto comerciante,
en Antioquia y otros sitios que se me van de la mente
cuando los quiero nombrar.

Es imposible que acabe esta saga hospitalaria
sin mencionar de pasada la próstata que perdí,
lo cual me dio de por vida cierto grado de impotencia,
pues en muchas ocasiones cuando busco la erección,
el pimpollo no responde como lo anhela su dueña,
aunque mal no me defiendo en los campos del amor.

De plano nunca me arredro por estos pequeños males,
pues conozco situaciones de consecuencias mayores,
como aquella de un amigo que lo dejó su mujer
cuando la pilló desnuda con un amante más joven,
poniendo como disculpa la sospecha que tenía
de que él era homosexual, según le contó una amiga
que lo vio tomando el Metro después de besar un hombre
en la estación San Javier.

Como bien dije al principio: soy persona saludable,
sin llagas ni otras dolencias que puedan llevarme al fin
de mi sufrida existencia en años, meses o días,
salvo síntomas menores como el narrado hace poco,
que no entorpecen mis noches de amor o tertulia vana,
aunque estén involucrados con síntomas de vejez.

Y así pretendo seguir mientras la Gran Anfitriona,
que trabaja sin descanso en las distintas regiones
de esta maltrecha nación, no me de espárragos fritos
diciendo que son el plato preferido de los muertos,
porque muchos parroquianos lo disfrutan diariamente
con trago y con balaceras que sirven de aperitivo
en los amplios comedores que alimentan el país.