sábado, 24 de noviembre de 2012

Del libro "Libro nuevo"



EL PORVENIR

Ni Marte ni Venus ni Mercurio
querrán recibir los torvos seres
del más bello planeta conocido,
un puntito azul cerca del Sol
apenas concebible como número
en los suburbios de la Vía Láctea.

Menos la Luna víctima de estupro
por la soberbia de un imperio oscuro;
tampoco Titán el de propicia atmósfera,
recibiría los hombres como huéspedes.

Entonces vagaremos como intrusos
por diferentes confines siderales
en busca de un lugar que nos acepte,
después de arruinar impunemente
el hogar que el universo nos brindó.

Tal será nuestro destino y la derrota
en las hondas cavidades estelares,
donde quizás nos sorprenda el porvenir
con su azarosa canasta familiar.

Del libro "Libro nuevo"



EL AZAR

Amigo que nunca nos traiciona,
intruso que siempre nos sorprende,
viajero que a veces no regresa,
filántropo que nada nos promete.

Le debemos nuestros triunfos y fracasos,
nuestros profundos dolores y tristezas,
nuestros amores pasados y presentes
nuestras furias y broncas terrenales,
lo que fue, lo que es, lo que vendrá.

No piensa, no medita, no cavila,
no compra, no vende, no permuta,
no grita, no sonríe, no amenaza,
no premia, no castiga nuestros actos
ni le importan nuestras debilidades.

Se presenta de pronto, y así parte,
como una mariposa inesperada
cubierta por las alas de la noche,
o del día que redime los trigales
bajo lluvias y soles generosos.

Me impresiona el Azar por su locura
por ser impredecible y sin argucias
cuando pasa de largo por el mundo
trabando y destrabando situaciones.

Amo mucho el Azar, y en él confío,
porque traspasa las puertas de la vida
y nos deja, sin saber cómo ni cuándo,
en manos del misterio indescifrable
donde empieza la paz definitiva.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Del libro "Libro nuevo"




SÓLO ESTE AMOR

Seguirán las guerras y los crímenes
como pan cotidiano en nuestras vidas;
se agostarán los árboles
y secarán los mares, los ríos y lo lagos.

De nuestra tierra escapará el oxigeno
descompuesto por bombas y volcanes;
todo será vendido, comprado será todo,
aún después de haberlo destruido.

La humanidad, esquelética y monstruosa,
navegará sobre sus propias ruinas
hacia el puerto de la desesperanza;
la esfera, putrefacta y nauseabunda,
será considerada solamente
como un pequeño punto matemático
en la insondable vastedad del caos.

Sólo este amor que te profesa ahora
mi desolado corazón apocalíptico,
sabrá permanecer indestructible
más allá de la miseria y de la muerte
que pronostica mi cerebro impávido
en el dudoso terreno de los sueños.

Del libro "Libro nuevo"



PEQUEÑA PALINODIA

Después de tantos años bajo el Sol
prefiero ser esclavo en el Infierno,
no monarca pusilánime del Cielo.

¿Reinar en un lugar tan gélido
donde la palidez del rostro se ilumina
con los cirios del arrepentimiento?

¿Ser amo de serviles y asexuados,
de vírgenes teóricas y anémicas,
que no por numerosas
son menos insípidas y tontas?

¿De un ejército de santos desgarbados?
¿Monarca de un reino impopular y frío
cuyas vías son estrechas y empinadas?

¿Comandante de seres infelices
que quizás fueron en vida
sustento de una chusma paridora?
¡Jamás me prestaré para esa farsa!

Trabajaré para mis emperadores:
demonios y diablesas afanosos,
camaradas de farras y maldades
conocedores de atávicos placeres
y alegrías de indecible marca.

Prefiero revolcarme con los réprobos
que padecen tormentos indecibles
en el fuego abrasador de lo profundo,
no togados con plegarias y crespones
que congelan la sangre entre las venas.

Prefiero apoyar los reyes púrpura
subversivos de normas y prejuicios,
no a tantos desgraciados vagabundos
buscadores, por senderos pedregosos,
de cantigas y salmodias celestiales.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Del libro "Libro nuevo"



MIS DIÁLOGOS CON LA MUERTE

Desde que mis padres me engendraron
en un lugar de Colombia
de cuyo nombre no me acuerdo ahora,
inicié conversaciones con la Muerte.

De mil maneras he intentado decirle
que nos comprendamos,
que basta de carnicerías,
que se tome unas vacaciones,
que descanse
para que pueda regresar con más ahínco
a ejercer su vocación eterna
y cumplir con sus obligaciones
como debe ser.

Me responde con evasivas:
Que no me promete nada,
que matar es su deleite principal,
que no puede hacer excepciones,
que no insista,
y un sin número de disculpas
que me tienen al borde del suicidio.

Le juro que deseo reinsertarme,
que no necesita aplicarme la tortura,
la motosierra,
el tiro de gracia ni la incineración,
mucho menos el secuestro,
la mina quiebrapatas,
la desaparición forzada y posterior asesinato,
tampoco el encarcelamiento ni la extradición,
el estigma social ni la amenaza pública.

Le aseguro que puede confiar en mí,
que soy persona decente,
que si en el 2040
no me he desmovilizado como le prometí,
queda autorizada para proceder según le plazca;
le confieso además que no soy un terrorista
sino un simple poetastro que anhela vivir en paz.

No me garantiza nada.
Repite que quién sabe,
que lo va a pensar,
que no me haga ilusiones,
que soy muy exigente,
que no me preocupe por lo que ya es seguro,
que un complejo de inferioridad me está matando,
y otras sandeces de idéntica jaez.

Sé que un día llegará con su guadaña de acero,
su andar bamboleante y su mirada fría,
a segar lo que conservo con dificultad,
porque en este país descuadernado y violento
a pocos les importa finalizar la guerra.

Como si lo anterior fuera poco
me ha puesto un montón de trampas
y sometido a enfermedades y accidentes
con sevicia y descarnada intensidad.

En la última reunión me arrebató la próstata
y dos glándulas linfáticas vecinas de mi escroto.
Años antes me había extraído el apéndice,
inoculado el tifo,
la ictericia,
el paludismo,
las paperas,
la fiebre amarilla,
el sarampión,
la cirrosis y la peritonitis.

Tanto me ha mortificado con sus amenazas
que en algunos momentos he pensado
echarle travesía para salirle adelante,
disparándome un tiro en la cabeza
o ingiriendo algo que me duerma pronto
y definitivamente.

Está claro que no tendré escapatoria
y que un día o una noche, no lejanos,
bombardeará mi campamento por sorpresa
dejando todo arrasado,
con numerosos muertos,
sin importarle que me halle en territorio extranjero.

Del libro "Libro nuevo"



LIBERTAD

Palabra que nombra lo imposible
en el campo inestable de la vida,
enema inoculado, como tantos,
en el débil cerebro de los hombres.

Sin embargo, pensemos un instante
su realidad en esta tierra incauta,
para hablar de sus míticas bondades
cuando aparece, muy de tarde en tarde,
con su fardo de soles improbables.

No es la ofrenda de torpes asesinos
ni la señal de políticos tramposos,
mucho menos la dádiva sagrada
prometida por oscuros Vaticanos.

Va cubierto su rostro de crespones
cuyos extremos levantamos ávidos
con la mano que da el conocimiento
en el arte, la ciencia y la cultura
como exótico dios de la esperanza.

O ese otro gran engaño delirante
que propicia soñar con los abismos,
los desiertos, las cumbres y los mares,
el beso humedecido en nuestros labios
y el amor que persigue desbocado
lo que sobra después de la matanza.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Del libro "Libro nuevo"



DE MIS AMORES Y MIS BÚSQUEDAS

Amo la pesadilla y los horrores provocados
por la estulticia y ceguera de los hombres,
la perturbadora presencia de mis enemigos
y la traidora compasión de los amigos,
lo falso y espurio en la risa de las putas,
el éxtasis decadente de los locos,
la crudeza de oscuros asesinos
y demonios que habitan mi cerebro,
la iconografía de los fantasmas domésticos,
lo repugnante de numerosos rostros,
lo mezquino de las pasiones mundanas,
lo estulto de las falacias modernas,
la desvergüenza de las virtudes hipócritas,
la traición envilecida de numerosos amores.

Me gusta lo arbitrario, lo tosco y desmañado,
la insulsa promesa y el horrendo sacrificio,
la propaganda y violencia de las guerras,
lo hechicero y satánico de los juramentos,
lo aberrante y crapuloso de la pureza enfermiza,
lo asqueroso y degradado de los discursos políticos.

Adoro lo abominable, lo indecente y lo grotesco,
lo inmundo y repelente de nuestras sucias miserias,
lo burdamente odioso de sentimientos injustos,
lo espantoso y obsceno de nuestras debilidades,
lo abyecto y lo vicioso de nuestras aberraciones.

Busco lo monstruoso, lo miserable y lo bárbaro,
lo innoble y nauseabundo, lo lamentable y lo fétido,
lo tremendo y desgarbado, lo repulsivo y lo áspero,
lo prohibido y más, y en amarlo me complazco
por ser la réplica proterva de los antiguos dioses
que fundieron su máscara imperfecta y deformada
en los moldes del destino, las tinieblas y los astros.

martes, 20 de noviembre de 2012

Del libro "Libro nuevo"



DE LA FEALDAD Y LA BELLEZA

Bello un Picasso en su fealdad moderna
y un desfile de modas con modelos
que involucran la fealdad en su belleza,
conceptos que se juntan y se mezclan
como lo hacen las tinieblas y la luz.

Bellas las pinturas rupestres de Altamira
con sus bien delineados trazos
en el hondo interior de la caverna.
Bello el astrágalo de buey o de carnero,
pulido por los brujos de la tribu
para ejercicio de su adivinación.

Fea la flagelación y sin embargo
los Cristos azotados y humillados
nos llenan de gloriosos sentimientos
con sus poses eróticas y bellas.

Contemplamos los cíclopes antiguos
con su ojo solitario y estatura inmensa,
pero fueron seductores para ninfas
que sucumbieron al pulso de su fuerza.

Fea para el sapo la serpiente
que insidiosa le tiende una celada
oculta entre las hojas, o enredada
bajo las ramas del follaje oscuro.

Bella su hembra de redondo cuerpo
y ojos saltones sobre la cabeza,
su boca enorme y amarillo vientre,
y una falta del calor que petrifica.

Si existiera el Demonio sería bello
con sus cachos, su cola, sus pezuñas,
dispuesto para el goce sabatino
con brujas que lo siguen y lo adoran
desde tiempos exóticos y antiguos.

Cuántas veces decimos que el dinero
es fuente de tragedias y otros males;
que no hay que perseguirlo porque es feo
y conduce al país de desgracia.
Pero alcanzamos con él dulces caricias
y favores de mujeres que soñamos
en esas noches de fiesta y desenfreno.

Suele el hombre ponerse ante sí mismo
como única medida en lo perfecto
sobre esta tierra cansada y dolorida.
Pero al mirar el espejo de la vida
percibimos nuestra equivocación,
pues la vida no puede ser perfecta
mientras dolor y miseria la hagan fea
con el hambre y la desesperación.

Malos olores y matices inarmónicos
son siempre detestables por lo feos,
y toda forma diluyente y pútrida
contradice nuestro canon de belleza.

La correcta proporción y sano juicio
es el rasero de conceptos bellos;
así la integridad de la materia
cuando se torna más compleja y rica
en el abismo de lo inexpresable.

Lo armonioso, lo místico y lo bello,
lo excelso y lo asqueroso van unidos
por misteriosos e idénticos senderos,
según afirman sus apologistas.

Cantemos pues al horror y la miseria,
a primitivas pasiones animales,
a lo infecto, lo torvo, lo penoso,
lo execrable, corrupto y desquiciado.

Brindemos por los males conocidos:
la gula de panzones parroquianos
que expresan su placer con el eructo
y la lujuria que conduce al colmo
de la insensata estupidez humana.

Cantémosle a tales realidades
y a la posible afirmación de todo
lo que es oscuro, falaz y repelente.
Lo confirma Plutarco cuando expresa
que en arte lo feo sigue siendo feo,
pero recibe la belleza del artista
como el caos la recibe de lo abstracto.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Del libro "Libro nuevo"



COSA DE MAGIA

Mágico es ver en el computador
el rostro de los seres más queridos,
sin importar en qué lugar se hallan,
algo ignorado por sociedades antiguas.

Mágico el brillo de tus ojos en pantalla
junto con las guerras y los crímenes,
pan cotidiano de los poderosos.
Mirar imperios arrasando sus colonias
y saber por quién me dejas y me olvidas
en el cepo de la desesperanza.

Cosa de magia suplantar
con un clic, silencioso y obediente,
mi torpe cerebro desquiciado,
o la miseria y la opulencia juntas
en alejados rincones del planeta.

Cosa de magia sentirme incompetente
frente a robóticos depredadores,
y haber perdido la privacidad
hasta en momentos de fugaz ternura.

Cosa de magia la globalización
con sus garras de monstruo dominante,
sin mecanismos para destruirla,
donde el Apocalipsis del orate Pablo
es apenas infantil literatura.

Cosa de magia nuestras vidas
bajo las suelas de botas cibernéticas
calzadas por demonios sanguinarios,
sin que descubra el intelecto acciones
para su pobre salvación terrena.

Hemos entrado en una nueva era
donde todo acontecer es descubierto
por el ojo electrónico de los opresores,
con formas tan claras como la holografía.
Ciencia y oscurantismo se desplazan
en pos de las respuestas requeridas
por nuestros locos cerebros afiebrados.

Cosa de magia el internet que muestra
el universo en nuestras habitaciones,
aprisionadas por la soledad
y un silencio que produce pánico,
cuando no por ruidosos altavoces
portadores de angustia y depresión,
que nos condenan a sufrir per se
esta humillante condición humana.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Del libro "León hambriento el mar"



MULTITUDES

Desde tiempo inmemorial
los barcos persas y griegos,
los romanos y fenicios,
empujados por batallas,
tempestades y corsarios
se deleitaban viajando
a las honduras del mar.

Según nos cuenta Heródoto
indeclinable viajero,
cuando el hijo de José
no había pensado en llegar
a las tierras de Judea,
ya Jerjes hacía sus búsquedas
de los tesoros hundidos.

En 100 años,
con variado cargamento
se han perdido bajo el agua
30.000 embarcaciones
repletas de riquezas,
que hubieran sido la dicha
de los hambrientos del mundo.

No volverá de su tumba
la Serpiente Escandinava,
porque fue su vocación
dormir yacente en el Támesis
con sus bodegas de oro,
para que toda la envidia
naufragara en la corriente
que arrastró su velamenta
hacia los mares del norte.

Los 14 grandes juncos
que en las aguas de Japón
se tragaron los abismos
aquel junio siniestro de 1274,
se quedarán en la muerte
sin reponer los tesoros
de sus potentes señores.

Cuando los portugueses
transportaban sus fortunas
desde América Latina,
sobre todo de Brasil,
35 fuertes naves
prefirieron el suicidio
antes que ser presa fácil
de bribones bucaneros.

Y los jóvenes esclavos
que viajaban en el Loasdun
enfrentaron con valor
la desembocadura del Ganges,
que no quiso perdonar
a los nativos de Holanda
el llevar mil sacos de oro
escondidos en bodega.

Mobiliario y otras cosas
de la condesa de Bourch
dejó en predios abisales
la desgraciada tartana
que sucumbió como un paria
en las costas de Numidia.

Y qué decir del Telémaque,
incapaz de preservar
la fortuna de los reyes
cuando viajaba a Inglaterra
con otros muchos tesoros
pertenecientes también
a la imprudente Antonieta.

Los 16 galeones
que cruzaban el Atlántico
en el fatídico otoño de 1707,
cuando fueron atacados
en la bahía de Vigo,
sucumbieron bajo el agua
con su rico cargamento.

Otros 15 que formaban
la bella Flota de Plata
zozobraron en Bahamas
cuando viajaban a Cádiz,
por acción del sobrecargo
y del furioso oleaje
que no pudo en su momento
manejar el capitán.

El no olvidado De Brack,
con 200 españoles
amarrados como perros,
se hundió en medio de millones
de verdeazules billetes
cuando expiraba sin pena
el viejo siglo XVIII.

A 12 millas de Londres,
mientras llegaba de Sydney,
el Niágara tropezó
contra una mina matrera
que lo dejó sin aliento
esa mala madrugada,
enviando al fondo del mar
sus haberes y su casco.

Pero sería interminable
enumerar los naufragios
que a través de las edades
desmantelaron al hombre.

Que valgan estos ejemplos,
siempre pocos, siempre amargos,
como una muestra palpable
de que las aguas del mar
son amigas cuando quieren,
y cuando no, son brutales.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Del libro "León hambriento el mar"



PAMIR - 1957

Con cuatro fustes sosteniendo su velamen
y una eslora superior a los cien metros,
este bello mastín de los océanos
no logró mantener la compostura,
pese a la orden terminante
que rugió su capitán desde el castillo:
¡A degüello las velas, de inmediato!

Pero no eran ya las lonas sólo lonas
sino globos hinchados, gigantescos,
y el velero, escorando hacia babor,
no alcanzó a superar aquel apuro
como en otras ocasiones peligrosas.

Con tazas de café y zumo de frutas,
con botellas de whisky y cigarrillos
ofrecidos por el parco cocinero,
fueron siendo atendidos los marinos,
hasta ver la enloquecida cafetera
rodando por cubierta y dando tumbos
mientras iba a perderse entre la espuma.

En mitad de los trapos desgarrados
se incrustaron las olas y los vientos,
llevándose al Pamir como rehén
con ochenta tripulantes hacia el fondo.

Sólo seis alcanzaron a salvarse
por la ayuda oportuna de unos barcos
y la búsqueda tenaz de la aviación.