FÉNIX
He sido aventurero, no bandido,
de leyenda simple y vida complicada.
Salvo algunos versos
nada qué pedir ni qué ofrecer
cuando la muerte, contra mi puerta
llegue a tocar con sus nudosos dedos.
Viví optimista mientras sonrió el amor,
meloso y traicionero ante mis ojos.
Triste y derrotado miro a atrás
con hastío y amargura inmensa.
Esta soledad (a la que un día canté),
con su pócima de efectos retardados
me está matando inexorablemente.
Ahora digo: ¿Para qué la vida
si no hay razón para seguir viviendo?
¡Milagro! ¡Milagro! ¡He resucitado!
Esta mañana me abrasaron,
deslumbrantes como soles,
los verdes ojos de una desconocida.