domingo, 17 de septiembre de 2017

Del libro "El cofre del pirata"



















DESIGUALDADES Y CONTRADICCIONES

Magníficos los adelantos de la ciencia,
los avances de la tecnología
y tantas comodidades materiales,
para quienes pueden pagarlos,
que son pocos y alejados
de cualquier sentimiento solidario.

Porque a nosotros, los desposeídos,
¿de que nos sirven esas maravillas
degradadas por la soberbia,
el egoísmo,
la indiferencia, el fanatismo,
la crueldad, la corrupción, el crimen,
el robo y la intolerancia?

Más nos valdría ser humanos dignos,
honestos, respetuosos y educados,
no una turba de bárbaros furiosos
embrutecidos por las llamas de la guerra,
aun prescindiendo del viaje hacia los astros
y la exploración del centro de la Tierra.

Los mares, asfixiados por desechos,
y la atmósfera contaminada
por toneladas de gases tóxicos,
junto a la deforestación desaforada
que practican los vándalos de siempre,
cobrarán con intereses su factura,
antes de que el hombre, en su ceguera ingénita,
destruya este bello paraíso,
único en años luz a la redonda,
como afirman poetas y científicos.

Bien por el planeta y por los pocos
que conservan su conciencia limpia.
¡Abajo el resto, cretino y rezagado!
Nuevos soles llegarán resplandecientes
a iluminar los escombros producidos
sobre este globo maltrato y fértil,
tan escaso de grandeza y de bondad.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Del libro "Trampantojos y otros versos"




















SOLUCIÓN DEFINITIVA

Llegamos al mundo
solos y desnudos, sin nuestro consentimiento,
para iniciar de inmediato el viaje hacia la muerte.
No escogemos nacer ni queremos partir,
pero esto sucede inexorablemente.

La vida es como el bien
por el cual se lucha para que no perezca,
la muerte es como el mal
que domina el campo con su espada ciega.

Dando tumbos, vagamos desterrados,
y aunque todo no tiene que nacer,
todo lo que nace tiene que morir:
la mayor fortuna y la peor desgracia.

¿Qué sería de nosotros si la inmortalidad
hincara su zarpa en nuestras vidas,
la eterna angustia, la infinita pena,
una esperanza en momentos de alegría
denominada placer por los humanos,
una dicha que azuza la insidiosa fiera
de nuestra ruin soberbia?

Si, como dice la UNESCO,
la humanidad fue de 250 millones
al comienzo de la era cristiana,
2.500 a mediados del siglo XX
y 6.500 tras su final violento,
¿cuántos seremos en el XXIX,
si es que alcanzamos a llegar allá?

Dudosa expectativa, si se tiene en cuenta
que nos matamos por agua y otras cosas
como religión, política y corrupción,
más una desmedida codicia de poder.

Esta especie, mal llamada inteligente,
pretenciosa en cultura y civilización,
es una turba desbocada y bárbara,
atormentada por terribles males,
fuera de toda proporción y norma.

Invadidos por congénita ignorancia
y sentimientos de autodestrucción,
parecemos insectos bajo la tecnología,
que sirve, incluso, como eficaz placebo
para que la muerte
rija el imperio de la insignificancia.

Somos consumados maestros
en el movimiento de una fuerza oscura
creada y adorada por nuestras miserias,
en el camino de las equivocaciones.

Hasta hace poco tiempo
no habíamos invadido todos los espacios
ni habitado en ciudades apretadamente,
tampoco aumentado bienes y servicios
para superar nuestras penurias físicas.

Nunca los ríos y mares de la Tierra
fueron tan contaminados
por los deshechos que les arrojamos,
ni pensamos en tanto equipo material,
tanta instrucción y organización
para un mundo que navega incontrolable
por aguas turbias, putrefactas y vencidas.

Ninguna época exigió tantos recursos
para enderezar lo que siempre fue torcido.
¿En dónde están el techo, la salud,
el alimento, el vestido y la educación
de los que huyen como ratas asustadas
frente al hecho del barco que se hunde?

Nada se logrará con éxitos parciales
en la lucha contra la extinción.
La humanidad tiene un problema
de dimensiones cósmicas
que pide soluciones radicales:
Acogerse a lo seguro. Es decir, la muerte.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Del libro "Trampantojos y otros versos"


















LAS NUBES

Son grandes sombreros que cubren la tierra,
que cubren los mares;
se mueven constantes por la vasta esfera,
a veces despacio, pero siempre inquietas;
se pierden o forman, con nuevas figuras,
unos arabescos que nadie interpreta.

De pronto, leones de largas melenas,
o tigres hambrientos
que saltan ligeros sobre vivas presas;
palomas volando como mensajeras
de ignotas regiones,
donde las montañas se cubren el rostro
con mantos helados de finos crespones.

Gaviotas que anuncian, como primaveras,
el fin de mis males en playas desiertas;
son nubes señoras que tejen su tela
con hilos de plata y agujas de oro,
las lluvias que caen sobre mi cabeza.

Qué nubes tan leves, coquetas y esquivas,
qué nubes tan bellas. Se van o se esconden,
y luego regresan
trayendo noticias de antiguas leyendas,
para preguntarme
si fui temeroso durante su ausencia.

También me interrogan
sobre los ancestros de tiempos ya idos,
cuando siendo niño vagué por los valles
que un día me dieron su amor sin olvido.
Me piden que cante
las viejas canciones de mis pocos años,
cuando la existencia era como el alba
de frescas mañanas con ramos de olivo.

Mientras yo resbalo sobre la barbarie
que agitan los hombres, como una bandera,
ellas van sonrientes batiendo el espacio
bajo el sol quemante que dora la Tierra;
navegan seguras por todos los aires,
calientes o fríos, que tiene el planeta.

Cuando se convierten, por su mal humor,
en nubes oscuras que anuncian tormenta,
me acojo al silencio que precede al rayo,
antes de que avisen con truenos su fuerza.

Las nubes y yo
nos hemos querido desde hace milenios,
y nuestro cariño no está entre los seres
que sienten quebranto.
Aunque son volubles, y muy orgullosas
de su gran belleza, aceptan mis guiños,
mis besos y abrazos, igual que mi canto.

Le pido a las nubes que no me abandonen,
porque yo sin ellas soy cero a la izquierda;
ya me reconocen como un desplazado
que busca en los sueños
la cura que alivia sus llagas eternas,
causadas por hongos de fatal veneno,
tiranos supremos de su gran tristeza.

Oh nubes queridas, imploro los dones
que trae el invierno con sus blancas perlas,
para que no falte en mi exigua despensa
el pan de los dioses,
que ansioso devoro, tras de mi poterna,
donde habito solo, desnudo y perdido,
la negra guarida de mis hondas penas.

domingo, 6 de agosto de 2017

Del libro "No está la Tierra para hacer sonetos"


















A LOS POETAS PEDANTES Y SABIONDOS
QUE FINGEN CONOCER LA PRECEPTIVA

Sonetos patituertos, sin medida,
producidos por vates muy modernos,
son apenas obtusos paquidermos
caminando por viejas avenidas.

Aunque luzcan su rima aristocrática
(incluso consonante… da lo mismo)
se desploman de bruces al abismo
con su métrica estólida y acrática.

Se ignora o se conoce de este asunto,
sin tratar de engañar a los lectores
con delirios de genio vanguardista.

Los sonetos, si cojos, no perduran
en la senda trazada por el tiempo,
aunque dejen diamantes en la pista.

Agrego por mi cuenta un estrambote,
para mostrar que todo puede hacerse
si existe preceptiva en el cogote.

miércoles, 26 de julio de 2017

Del libro "Por si las moscas"





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MARIANA

Tierna como una flor feliz,
cálida como una mañana estival,
sonriente como el sol de junio
cayendo sobre playas encantadas.

Sus senos transpiran, seductores,
la jugosa dulzura de su pecho
como frutos tropicales en reposo,
y su erotismo de musa enamorada
despierta en mi cerebro antiguo
dimensiones aún desconocidas.
Los íntimos recodos de su cuerpo
los intuyo como géiseres de Islandia
en terrenos exóticos y túrgidos.

Embriaga mis sentidos y despierta
ardores olvidados o perdidos.
Su lozana edad, omnipresente,
me dice cosas de tiempos ya lejanos,
cuando tuve paraísos iniciáticos,
sin dioses ni serpientes agregados.

Conservo la esperanza de que un día
ganaré, total, su corazón guerrero,
siendo lanza y escudo, protectores,
en los sinuosos torneos del destino.

Perfuma mi vejez como una rosa,
cuyo bermejo aroma se dispersa
sobre un campo minado de ilusiones.
Amarla es vocación, y es mi derecho,
el cual ejerceré constante
de manera silenciosa, si es preciso,
para no ahogar su juventud dorada
en la fangosa laguna de mis años.

Del libro "Por si las moscas"

















ALGO PERSONAL

Quiero decir lo que me ocurre y siento
frente a una amiga generosa y bella,
de amplia sonrisa y resplandor ardiente
como sol de verano al mediodía
cuando se posa en la llanura verde.

Profunda y desdeñosa al mismo tiempo,
como es común al femenino encanto,
mientras bulle en tristezas y alegrías
su noble corazón despedazado.

Paradojal en quehaceres cotidianos
(así la miro en su cambiante esfera),
su piel dorada como miel de agosto
es la imagen final que me enajena.

¿Lo sabe o no la sabe? Yo lo ignoro.
Quizás lo intuya en su interior sellado
por mi verso enloquecido y puro.

Este amor, tormentoso y desolado,
pierde la calma que la vida ofrece,
cuando lejos de ilusiones y utopías
se hace visible, se cultiva y crece.

Es un caso fatal y sin remedio,
porque ella, más lejana cada día,
lo torna inaccesible en lo terreno,
como prueba de castigo inmerecido,
propiciado por un destino incierto,
en mi viaje inexorable hacia el olvido.

jueves, 20 de julio de 2017

Del libro "Por si las moscas"







TOMADURA DE PELO

Escribo este soneto en verso suelto,
libre o blanco, como bien lo afirman
los que saben preceptiva literaria;
también cojo y quizás un poco manco.

Lo hago así, mas no por irrespeto
con los grandes maestros de la rima,
sino porque quiero incursionar
en algo que tal vez no guste tanto.

Espero que comprendan la inquietud
que me asalta en momento tan riesgoso,
pues no quiero morir bajo las balas
que vuelan como pájaros hambrientos
sobre esta tierra desgraciada y fértil,
que no tiene la culpa del desmadre
fomentado por ladrones y asesinos.

Como ven, no escribí ningún soneto,
según dije al principio del poema.
Para colmo, le añado un estrambote
que me rima perfecto con azote.

Del libro "No está la Tierra para hacer sonetos"
















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LA FIESTA

Es común entre buenos anfitriones
invitar a manteles en la fiesta,
sin pensar cuántos son y que les cuesta
complacer visitantes comilones.

Casi todos son burdos bebedores,
que borrachos se van a dormir siesta
al lecho principal, donde se acuesta
el señor con la esposa en sus amores.

Se levantan temprano al otro día
bajo un guayabo que parece un roble
y una halitosis de caverna umbría,

haciendo daños por partida doble
en varios muebles y cristalería,
con su vaivén de orangután innoble.

domingo, 16 de julio de 2017

Del libro "No está la Tierra para hacer sonetos"
















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HISTORIA Y GEOGRAFÍA

Tierra fértil, exótica y demente,
localizada en el extremo norte
y occidental del sur del continente,
que tiene la belleza por soporte,

pero nunca en la clase dirigente,
leguleya y servil con el Imperio,
corrupta, criminal y decadente,
sin vocación para aliviar en serio

los males que amenazan como fiera
la plebe miserable y centenaria,
aunque viva en mitad de la riqueza,

oculta en las llanuras y montañas,
soberbios mares y lustrosas selvas,
y hasta en cavernas de presencia huraña.

viernes, 14 de julio de 2017

Del libro "No está la Tierra para hacer sonetos"


















TEMAS PARA UNA CIUDAD

Uno

A merced de sicarios y traquetos
pagados por mafiosos de etiqueta,
se encuentra Medellín, la muy coqueta,
en esta tierra que perdió respeto.

Se piensa innovadora y educada
porque tiene dinero a borbotones,
repartido entre jueces y matones
que dominan la bárbara manada.

Es así Medellín, que antaño tuvo
su pujanza, honradez y valentía,
hoy convertida en capital violenta

de un pueblo acorralado y rezandero,
que no ha podido cancelar la cuenta
dejada por la historia en el tintero.

Dos

Ellos van en lujosas camionetas
protegidos con armas bien dotadas,
vigilando las turbas desbocadas
que agitan el negocio entre carretas.

Mientras tanto, una plebe más modesta
procura trabajar honradamente
en labores de paga insuficiente
que no alcanza a cubrir lo que le cuesta.

Así todos, revueltos en la calle,
no saben quién los mata o los ayuda
en un suelo de visos siempre utópicos.

Medellín ya no cabe en este valle,
y la esperanza se ha tornado muda
en un verde de tonos estrambóticos.