miércoles, 8 de noviembre de 2017

Del libro "Por si las moscas"

















MEDELLÍN

Caminando por la ruta del tranvía
me topé con Fernando González,
León de Greiff,
y don Tomás Carrasquilla,
trío de brillante inteligencia
que dio gloria y respeto a este valle
donde tantos conductores desbocados
sobrepasan semáforos en rojo
con viejas chimeneas de humo espeso,
atosigando la vida que nos queda.

Ciudad de contrastes y entredichos,
metro y metroplús modernos,
donde las autoridades,
ponen paños de agua tibia en las heridas
productoras de los miasmas cotidianos,
afectando más aún el medio ambiente
que agoniza sin remedio en los fangales.

Los drogadictos desfallecen en las calles
como perros rechazados por sus amos,
cuando no por balaceras asesinas
que acortan el camino de la limpieza social.

En algunas bibliotecas y universidades
la cultura se defiende verbo a verbo,
mientras un populacho embrutecido
por el fútbol, el licor y la farándula
decide la matanza de la víctima final.

Los artistas reclaman sus derechos
con protestas y marchas educadas,
en tanto el río (letrina que no cesa)
se desliza sin peces, sin oxígeno,
hacia un pálido norte arrabalero,
asfixiado por los ritos de la incuria
que adormece la conciencia ciudadana.

Entre la escoria y el oro
de una obtusa idiosincrasia montaraz,
Medellín, pretenciosa y rezandera,
se hunde torpemente en veleidades
y en oscuros socavones burocráticos,
donde nacen semillas de infortunio
abonadas por políticos y mafias.

Con la ira que produce la impotencia
convivimos ahogados por desechos
en esta urbe antiguamente bella;
los pulmones, al borde del colapso,
luchan tenaces contra gases tóxicos
que dan mareos y producen tos.

Quienes fueron honrados están muertos
y sólo quedan residuos deletéreos
reforzados por el cáncer del desgreño,
con metástasis de odio en las cantinas,
con mendigos mugrientos en las calles,
con ruegos y quejidos en el viento,
con puñales traicioneros en los parques,
con hipócritas promesas en los templos.

Adiós ensueños, e ilusiones todas,
adiós proyectos y esperanzas muertas,
adiós formas de vida humanizadas
en esta cárcel fanática y violenta.

Adiós poema que enmudece solo
como grito lanzado en el vacío,
como barca sin vela y sin timón
en un mar de oleaje embravecido.

Adiós flores marchitas del jardín,
adiós taza de plata en la montaña,
cuna de hombres y mujeres generosos
que ya duermen en paz bajo la tierra,
y en estatuas de bronce salpicadas
por el pardo excremento de las aves
ambulantes, igual que los humanos,
en busca de pan, amor y abrigo
sobre un suelo de crímenes y penas.

Del libro "Por si las moscas"

















AVIONES Y COHETES

Bienvenidos los aviones y cohetes
al mundo de la modernidad.
Superaron a los coches y a los trenes,
así como los coches y los trenes
superaron a los caballos
el más noble sistema de transporte.
No les estorban los rieles
ni los caminos bloqueados por montañas,
mucho menos los desiertos y los polos.

Cuando los aviones y cohetes
superaron la velocidad del sonido,
después de la segunda guerra mundial,
nos dimos cuenta que ya no existía límite
para la conquista espacial.

Acortan el tiempo y las distancias
que antes veíamos insalvables,
incluso, para visitar esos amores
que habitan en tierras muy lejanas,
derrumbando el aislamiento padecido
por regiones ignotas y soñadas.

Por eso, estos veloces aparatos
fueron un regalo para la humanidad.
Alabemos entonces esas maravillas
que nos llevan por sendas nunca vistas
hacia los bordes de la eternidad,
gritando seguros y entusiastas:
¡Bienvenidos los aviones y cohetes
al mundo de la modernidad!

Del libro "Trampantojos y otros versos"


















A COLOMBIA, CON AMOR

Una cosa es la tierra donde nacimos,
a la que amamos incondicionalmente,
otra, muy distinta,
la caterva de bandidos que la usurpan
a través del engaño y el terror.

Una cosa es un ejército formado
para defender las fronteras nacionales,
de aventuras y remotas invasiones,
otra, muy distinta,
la pandilla de asesinos que las ponen
al servicio de siniestros intereses,
matando a inofensivos campesinos,
estudiantes y obreros que reclaman
un poco de justicia y de respeto.

Una cosa son las creencias religiosas,
las posiciones ideológicas y políticas
en las cuales la gente se refugia
para evadir la realidad del mundo,
otra, muy distinta,
la turba de impostores que pululan
enriqueciéndose a costa de los ignorantes,
confundidos, fanáticos y crédulos.

Una cosa son el folclor y las costumbres
con las cuales el pueblo se divierte,
otra, muy distinta,
la chusma embrutecida por el fútbol,
el aguardiente y las sectas cavernícolas.

Una cosa son las selvas y los ríos
que alimentan el suelo con sus dones,
otra, muy distinta,
las empresas extranjeras que saquean,
contaminan y destruyen lo que encuentran
antes de volver a su lugar de origen.

Una cosa es firmar tratados internacionales
en igualdad de condiciones económicas,
otra, muy distinta,
abrirse de piernas como una barragana
ante el abuso descarado del imperio.

Una cosa es proteger a quien exige
pacíficamente sus derechos,
otra, muy distinta,
atropellar y matar manifestantes
en nombre de una falsa democracia.

Una cosa es tener símbolos que interpreten
los sentires más nobles de la población,
en sus sueños de grandeza y libertad,
otra, muy distinta,
venerar una bandera y un escudo
retrato de falacias y codicias carroñeras.

Colombia, proclive a la maldad congénita,
intolerante, violenta y rezandera:
¿Cuándo saldrás del vergonzoso atraso
potenciando educación, ciencia y cultura
y no a vulgares caciques virreinales,
que expolian sin pudor nuestras riquezas,
olvidando que un país tan sólo avanza
por medio de una paz consolidada,
no al servicio del crimen y la guerra?

lunes, 6 de noviembre de 2017

Del libro "No está la Tierra para hacer sonetos"


















CON RELATIVO ÉXITO

He vivido el amor en carne propia
y el desamor de idéntica manera,
también la guerra en su lustrosa inopia,
la paz, incluso, en su infeliz carrera.

Sufrido la riqueza, siempre ajena,
y la pobreza que mi angustia copia,
cual cruda realidad que me condena
a vivir desterrado en casa propia.

Yo todo lo he vivido, y no exagero
cuando afirmo con voz desmesurada
varias cosas que tantos no han logrado:

A los dioses servir de mensajero
en tierras que me vieron de pasada
para ser portavoz de lo ignorado.

Del libro "No está la Tierra para hacer sonetos"

















TEMAS PARA UNA CIUDAD

Uno

A merced de sicarios y traquetos
pagados por mafiosos de etiqueta,
se encuentra Medellín, la muy coqueta,
en esta tierra que perdió respeto.

Se piensa innovadora y educada
porque tiene dinero a borbotones,
repartido entre jueces y matones
que dominan la bárbara manada.

Es así Medellín, que antaño tuvo
su pujanza, honradez y valentía,
hoy convertida en capital violenta

de un pueblo acorralado y rezandero,
que no ha podido cancelar la cuenta
dejada por la historia en el tintero.

Dos

Ellos van en lujosas camionetas
protegidos con armas bien dotadas,
vigilando las turbas desbocadas
que agitan el negocio entre carretas.

Mientras tanto, una plebe más modesta
procura trabajar honradamente
en labores de paga insuficiente
que no alcanza a cubrir lo que le cuesta.

Así todos, revueltos en la calle,
no saben quién los mata o los ayuda
en un suelo de visos siempre utópicos.

Medellín ya no cabe en este valle,
y la esperanza se ha tornado muda
en un verde de tonos estrambóticos.

Del libro "El cofre del pirata"


















DE QUÉ ESCRIBIR

De qué escribir, y hacerlo para qué
si todo lo existente está nombrado:
el arte con sus tergiversaciones,
los mares, el amor y las pasiones,
las ciencias, el dolor y la cultura,
revueltos siempre en su brutal empaque
y en este pobre corazón cansado.

Otros han dicho con mejor fortuna
lo que yo no, poeta despistado
que nunca pudo comprender la vida,
ni encerrado ni fuera del establo,
porque es la realidad la que atropella,
no los delirios ni los sueños vagos.

No obstante vivo emborronando páginas
como intonso amanuense despeinado,
mientras llegan, con látigo dispuesto,
los lectores que miran de costado
y críticos de duras opiniones
en salones y plazas de mercado.

Pese a todo, continuaré mi ruta
por distintos caminos, extraviado,
en tanto el mundo se derrumba solo
cual castillo de naipes estrujado
por la mano invisible del destino,
que no tiene piedad del que ha fallado.

sábado, 21 de octubre de 2017

Del libro "Trampantojos y otros versos"





















EL VIAJE

Acabo de llegar de un largo viaje
al mundo de las sombras y la luz.
Allí todo es difuso, inconsistente,
no la contumelia que a diario padecemos.
Los seres fantasmales que lo habitan
no tienen realidad, son intangibles,
siluetas que flotan suavemente,
silenciosas y nunca amenazantes.

Mundo extraño a la objetividad,
sin deudas ni compras de mercado,
sin pagos de servicios, sin querellas,
sin memoria, sin olvido, sin futuro,
sin pasado, sin presente, sin tristezas,
sólo una nube vaporosa y tenue
cubriendo todo lo que el yo consiente.

He vuelto –dije–
porque todo termina en esta vida,
mientras soñamos con la eternidad;
simples pavesas, flotantes en el viento,
sin rumbo fijo en el profundo espacio.
Fantasmas fuimos, somos y seremos
en un mar de leyendas y de mitos.

Del libro "Por si las moscas"




















BOTERO, ARTISTA UNIVERSAL

Cuerpos inertes sobre los caminos,
sangre fresca contra las alambradas,
llanto y miseria bajo una choza humilde,
ecos sin alma de algún fusil lejano,
y Botero, con su pincel en alto,
dibujando la barbarie incontenible.

Ataúdes en serie, desfilando
por estrechas callejas pueblerinas,
puñales escondidos, machetes agresores,
lágrimas como ríos sobre las mejillas,
y Botero, con su pincel en alto,
dibujando la barbarie incontenible.

Motos que cruzan como bólidos
por el duro y reseco pavimento,
balas que silban en la oscuridad,
hombres que caen sobre las aceras,
y Botero, con su pincel en alto,
dibujando la barbarie incontenible.

Mujeres perseguidas y violadas
por borrachos ausentes de la vida,
bacanales de miedo en las alcobas
tras secuestros en campos encendidos,
y Botero, con su pincel en alto,
dibujando la barbarie incontenible.

Desapariciones forzadas, de inocentes,
falsos positivos en la palestra pública
(un mundo aterrador que no termina
aunque a veces se desprendan voces),
y Botero, con su pincel en alto,
dibujando la barbare incontenible.

Una luz en el túnel, que no llega,
una esperanza vilmente asesinada,
un silencio miserable frente al crimen,
un desdén soterrado en la justicia,
y Botero, con su pincel en alto,
dibujando la barbarie incontenible.

La muerte abrazando por la espalda,
los cuervos carroñeros mitigando
su sed de rencores y venganzas,
los cadáveres que flotan en el río,
y Botero, con su pincel en alto,
dibujando la barbarie incontenible.

Porque Botero, artista universal,
pone el dedo en la llaga del vencido
cuando pinta un pueblo que decide,
no obstante, su tragedia cotidiana,
avanzar, optimista y amoroso,
hacia un futuro demasiado incierto,
soñando paz, conciliación y abrigo. 

Del libro "Por si las moscas"






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