jueves, 9 de agosto de 2012

Del libro "Las islas del pescador"


ELLAS

Dentro de muchos millones de siglos,
cuando todo tenga otra forma
o talvez ninguna forma,
en miles de años luz a la redonda.
Cuando no haya vida en esta Tierra
ni su más prolongada consecuencia,
Ellas, silenciosas,
como gaviotas cósmicas,
seguirán con su rumbo indefinido
o simplemente sin rumbo
entre lejanas e ignotísimas estrellas.

Del libro "Las islas del pescador"


EL RESPLANDOR

Por la luna de sus ojos buscaba,
en la transparente mirada,
pruebas de su resplandor.

Escudriñando aposentos,
desempolvaba sillas, retablos
y otros objetos de la imaginación,
volviéndoles la primitiva tersura.

Investigaba los demás recovecos
de las habitaciones, con su ermitaña luz.

En lo más íntimo de la recámara
descubría la belleza tan duramente buscada.
Pavorosa felicidad, fulgurante abismo,
locura que efervescía en su alma.

martes, 7 de agosto de 2012

Del libro "Las islas del pescador"


CONCEPTO

A la mujer se le ama o se le odia,
se le desprecia o ensalza;
son esos sentimientos los que nos mueven a ella.
La mujer repugna o provoca.
Lo demás con la mujer
es un híbrido que rompe con la vida,
porque el hombre y la mujer
son dos fuerzas contrapuestas
que sólo encuentran reposo en su batalla eterna.

Del libro "Las islas del pescador"


AMIGA

Nueve veces bañarnos
en los nueve meandros de la Estigia,
hundiendo los talones tras los desnudos cuerpos
para no ser como Aquiles,
propensos al flechazo sorpresivo
o frutos inmaduros de la guerra,
que nunca propiciamos y tanto aborrecemos.
Pronto, vayamos al unísono
hasta el fondo del agua generosa
que puede invulnerarnos de la muerte;
no dejemos para tarde
este pacto de amor que nos convoca.
Bañémonos, amiga, y no preguntes
por el fuego intangible que nos une,
nos abrasa, deslumbra y eterniza.

Del libro "Las islas del pescador"


ATAVISMOS

De todos mis sueños el que mejor recuerdo
es aquel que soñé dentro de ti
emergiendo como espiga en la humedad del tiempo.
Era el grano nutrido por la tierra
celebrando el rito de Osiris
en el delta de tu bajo vientre.
Inmerso en el limo de tus aguas
vi surgir el milagro de la vida
como pez en un Nilo primigenio.

lunes, 6 de agosto de 2012

Del libro "Las islas del pescador"


AGONÍA ERÓTICA

Sexypétala rosa
que a la pasión te brindas
succionando mi bálano encendido.
Sexypétala rosa.

Cariátide embriagada,
cuasivirginal cornisa.
Corpúsculo al acecho de los furtivos besos.

Plus ultra de lo que
en mi cúrvida vida yo he soñado,
granjera de mi suelo atiborrado
de surcos pequeñísimos.
Plus ultra de lo que.

Estróbilo fruto enmadurado
bajo túrgidos bálanos queridos,
cimitárrica prenda regalada
para labios superlúbricos.

¿Estróbilo fruto enmadurado?...
¿Plus ultra de lo que?...
¿Cariátide embriagada?...
¿Sexypétala rosa?...
¡Yo qué sé!

sábado, 4 de agosto de 2012

Del libro "La calle de las complacencias"


TEODORA

Lujuria y ferocidad
no eran invenciones mías,
sino fuerzas primigenias y universales
en todos los reinos de los vivientes.
Giovanni Papini

Qué pronto iniciaste tus devaneos prostibularios
por todo el norte de África.
¿Cómo negar tu inteligencia y desmesurada ambición?

Con tus jugadas maestras mezclaste imperio y putería,
hasta doblegar, según Procopio,
los últimos reductos del sañudo Justiniano.
Ni el prostático Pontífice de Oriente
escapó de resbalar entre tus piernas.

Buena esa, Teodora, porque de ahí en adelante
fuiste reconocida como gran emperatriz
de los vastos dominios bizantinos.

No hubiera sido preciso, sin embargo,
enviar a tantas pobres muchachas
hacia las costas del Bósforo,
por desear simplemente, como tú,
mantener sus rodillas separadas.

Imperdonable, Teodora, tu sadismo
con quienes sólo pretendían ofrecer
su tibia y acogedora manzana
a posibles y erotizados transeúntes.

Del libro "La calle de las complacencias"


TRÍO DE HONOR

¡Oh Roma!,
en tu grandeza en tu hermosura,
huyó lo que era firme y solamente
lo fugitivo permanece y dura.
Francisco de Quevedo

Dinos francamente, Mesalina,
si quieres consumirte
en la perpetua pestilencia de tu cama.
Todo prostíbulo es pequeño para ti.

Tus pezones pintados,
y colgantes como pesadas sandías,
descienden vientre abajo
hasta la herida entreabierta de tu ingle.

Y tú, querida Julia, hija de Augusto,
bella y disoluta como nadie,
ganaste a punta de fornicaciones
el merecido destierro de la corte,
con un historial tan célebre
que se hizo para siempre inolvidable.

¿Qué me dices, Agripina,
hermana de Calígula,
nieta de Julia y madre de Nerón?
Cuando ya despachaste satisfechos
a todos los guardianes,
buscaste al hijo cuidadosamente maquillada,
con las más incestuosas intenciones.
Le ofreciste tus labios y tu cuerpo lascivo
como punto final de tus malévolos propósitos.

viernes, 3 de agosto de 2012

Del libro "La calle de las complacencias"


RAMERA

¡Oh mujer y fiebre hecha mujer!
Labios que te han husmeado
no husmean ya la muerte.
Saint John Perse

Los tiempos van cambiando
y tú, consuelo de los solitarios,
de aquellos que nunca fuimos saciados,
has tenido también suerte diversa:
Esclava en puertos orientales,
sacerdotisa en Grecia,
manceba en antros proletarios,
concubina de Reyes y Señores.
Pero aun así eres la misma,
siempre complaciente y costosa.

Podrán prohibirte aquello que procuras,
en ciertos días del año. Quizá los viernes,
los domingos y los miércoles.
Cuando estés embarazada
y un tiempo después del parto.

Podrán lapidarte, cortarte la nariz,
enviarte al ostracismo,
pero no conseguirán alejarte de nosotros,
dejándonos así, abandonados,
porque eres el fénix de aquellas
que se cuecen en su propio fuego.

Qué más da.
Mientras haya un cobertizo
de olorosa madera junto al bosque,
serás noble, puta y gozadora,
los tres bellos atributos con que adornas
los declives naturales de tu jugoso cuerpo.

Del libro "La calle de las complacencias"


PROXENETA

Aprovecha la primavera:
una joven casta es una vieja.
Ausonio

Si piensas dedicarte al oficio debes comenzar temprano.
Una madre celestina o cualquier tía desprejuiciada
pueden ser excelentes profesoras.

En cuanto a la belleza,
los espejos y los hombres son tus mejores jueces.
Los potentados impotentes serán tus clientes más asiduos;
trátalos con ternura y háblales de su soledad.

Debes cultivar también el chulo de tus preferencias;
él defenderá tus intereses si sabes manejarlo con cuidado,
y te ayudará en los orgasmos que niegas a los parroquianos
pero que anhelas intensamente cuando estás en la intimidad.

Si eres lista,
como cabe esperarse de una dama que abraza la profesión,
antes de los treinta debes llenar tu cartera con suficiente dinero,
pues a partir de esa edad la decadencia es inminente.

Con una madurez así
podrás dedicarte a reclutar neófitas
que aspiren a vivir, como ya hiciste,
las más contradictorias experiencias
en esta prometedora carrera horizontal
por la que tan sabiamente te enrutaste.

Del libro "La calle de las complacencias"


PUTAS DE BIZANCIO

Cuando más poseemos,
más arde nuestro pecho
y más se consume.
Lucrecio

Mujeres de Bizancio:
Bellas, piadosas y putas como ninguna.
Vuestras alegres costumbres aplastaron fácilmente
las duras expediciones de los ilusos Cruzados.

Quién hubiera sido soldado
en aquellos tenebrosos tiempos
y haber gozado vuestros vicios deleitosos
como niño con su cascabel.

Putas de Bizancio:
Merecéis nuestra añoranza permanente
y unas cuantas masturbaciones
evocando vuestros tibios y torneados muslos
impregnados cada día con exquisitos ungüentos,
completamente novedosos
para esta tosca nariz Occidental.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Del libro "La calle de las complacencias"


PROSTÍBULO

¡Oh días de gloria, dadme un sobregiro!
Jaime Jaramillo Escobar

Ahí está el falo. Colgante.
Esa es la casa y dentro está la cama
donde tú me darás lo que yo quiero
y puedo hacerte yo lo que te plazca.

Ese farol que pende de la puerta
como un dorado escroto,
ilumina el camino que nos lleva
hasta el altar cubierto de mantas y cojines.

Allí estaremos, mi puta deliciosa,
hasta que el Sol y la Luna hayan salido
tres días y tres noches sobre las praderas.

Después saldremos también nosotros
exangües de leches y de mieles,
pero no saciados.

Ahí está el falo que buscamos.
Esa es la casa y dentro está la cama.
No lo olvides, amor. Dinero no ha de faltar.

Del libro "La calle de las complacencias"


POSTURAS

No te avergüence querer aprender lo
que no sabes; saber algo es saludable;
no querer aprender nada, censurable.
Pseudo Catón

Los hombres han perdido su inventiva,
ya no existen posturas como antes.
Trece, dicen los expertos.

¡Sólo trece posturas diferentes!

Los romanos gozaban de noventa.
Los hindúes y los árabes descubrieron muchas más.
Y tú, amor: ¿Cuántas quieres aprender?
¿Cuántas puedes enseñarme ahora?

martes, 31 de julio de 2012

Del libro "La calle de las complacencias"


LA PALABRA EXACTA

Quien no se expresa con claridad,
utilizando en cada momento la palabra exacta,
corre el peligro de ser mal interpretado.

No pienses que soy vulgar.
¿Cómo podría serlo contigo?
Pero si empleo otra palabra
la petición que te hago pierde fuerza
y no alcanza a expresarte mi deseo.

Quiero besarte. Poner mi lengua allá
donde eres más cálida y acogedora.
Aunque no es exactamente allá
sino un poco más atrás,
donde guardas oferente, como un cáliz,
el primoroso anillito de tu culo.

Del libro "La calle de las complacencias"


MASCULINA

Mientras más exquisito sea el placer,
menos necesita de una teoría.

Escoger el rincón más apartado de la casa,
de preferencia un lugar iluminado
donde el aire penetre sin dificultad
hasta el objeto anhelante.

Ensanchar los pulmones
y proveerse de un recuerdo lascivo
sobre el hombre o la mujer deseados.

Con la imaginación
entreabrir las puertas de la alcoba...
y de las piernas
observándolo (a él o a ella) deleitosamente
de Sur a Norte, de Oriente a Occidente,
sin olvidar los otros rumbos
en que está dividido el horizonte.

Mirarlo (a él o a ella) desnudo
como un durazno jugoso
junto a las turbas hambrientas.

Proseguir luego con los demás preparativos
inventados por nuestro acoso carnal,
antes de cerrar los ojos y fruncir el ceño,
en la seguridad del éxtasis.

No parar los suspiros, recuerdos y manipulaciones
hasta ver que el universo, regresando en el tiempo,
ilumina con su juego nuestro inminente Big Bang.

Del libro "La calle de las complacencias"


FEMENINA

Mientras más exquisito sea el placer,
menos necesita de una teoría.

Dejar sobre el nochero un portarretratos
con la imagen del joven cuyos besos
apenas se han probado,
o con la del hombre maduro
cuya barba sugiere un cosquilleo exquisito.
Talvez con el rostro insinuante de la mejor amiga.

Agregar a este primer paso un baño fresco...
o tibio según las circunstancias,
antes de aplicar sobre la piel todavía húmeda
el perfume o la loción escogidos.

Volver a la habitación
envuelta en suave y fina toalla
(aunque mejor sin ella
como Venus cuando sale de las espumas del mar).

Disponer de inmediato los cojines y las sábanas
para crear dentro del recinto una atmósfera propicia
que ayude en todo caso a la futura felicidad.

Enseguida, respirar profundo, relajarse.
Mirar hacia el cielo raso, como si el mismo Zeus
hubiera prometido recostarse en el mullido vientre,
o algún sátiro ansioso recordar con sus premuras
el verdadero camino de la eternidad.

A continuación separar las rodillas sin temores
y permitir que la luz de la tarde o la penumbra
acaricie minuciosa los muslos atezados.
Resbalar después con lentitud las manos
y hacer círculos sensuales alrededor del ombligo.

Como en ese punto la temperatura es cálida,
sobre todo si la estación es primavera,
puede iniciarse sin pausa el descenso definitivo.

Se mirarán alternativamente el movimiento
de los dedos y la imagen del portarretratos,
hasta que surja el capullo (como un danzarín
enloquecido por el fuego de los temblores íntimos)
y derrame sin escrúpulo su copa nectárea y su ambrosía.

sábado, 28 de julio de 2012

Del libro "La calle de las complacencias"


EROTISMO

Vive el día de hoy. Captúralo.
No te fíes del incierto mañana.
Horacio

Ojalá todos los hombres y mujeres
se consumieran en el fuego del deseo,
en la chispa nocturna de la concupiscencia.

De todos los placeres mundanos
el erotismo debe servirse en copa de oro.

No importa su carácter o sus giros:
Puede darse de la puta al santo.
Del genio a la mujer sencilla.
De la cortesana a su rey.
Del rey a la princesa lejana.
¿Por qué no de hombre a hombre?
¿Por qué no de una mujer a otra?

El viejo prefiere a la joven por su frescura.
El niño goza con la experiencia de la mujer adulta.

Satisface ya tu deseo porque la vida es corta
y no habrá nueva oportunidad.
Una vez que el tiempo pasa, no regresa nunca.

Del libro "La calle de las complacencias"


CALL GIRL

Es tan pudorosa esta casta perrita,
que ignora a Venus, y no encontramos
macho digno de tan delicada niña.
Marcial

Cuando pequeña, mi madre me enseñó
la verdadera modestia, no la falsa.
Siempre recuerdo a mi madre
y sigo sus consejos rigurosamente.

Por eso puedo asegurarte ahora
que la descripción hecha en este anuncio
corresponde a la verdad
y no más que a la verdad.

Soy tan joven y bella
que no podrás olvidarme
después de visitar mi casa.

Las proporciones
y contornos de mi cuerpo
lo mismo que mi salud
son un acierto de la naturaleza.

Conozco todos los secretos,
artes y amenidades a que pueda aspirar
el más exigente de los ciudadanos.

Así es que si tú, generoso lector,
deseas comprobar
por una suma razonable
la verdad de mis afirmaciones,
no tienes más que llamar a mi departamento,
decorado especialmente en esta oportunidad
para el deleite amoroso de nuestra cita privada.

viernes, 27 de julio de 2012

Del libro "La calle de las complacencias"


PLINIO EL VIEJO

Acepto que alguien diga esto,
aunque no me contente en absoluto.
François Villon

No le gustaron a Plinio,
como a cualquier alcalde en desuso,
las prácticas inmorales de los palacios romanos.
Esos baños con masajes
donde fornicar era tan grato,
pululaban ampliamente
como pululan hoy las discotecas jacuzzi.

Plinio criticó en su Historia Natural
los favores de las bellas masajistas,
porque Plinio –pienso yo–
posiblemente no tuvo la que le quitaba el sueño.

Del libro "La calle de las complacencias"


PARA REFLEXIONAR

La reina de Aragón, por real decreto,
consideró la realización de seis coitos diarios
como correcta, según cuenta Montaigne
con su acostumbrado buen humor.
Mantegazza, citado por Stekel

¿Cuántos hombres te agradaría tener
en el transcurso de tu vida
si la muerte no te barre demasiado pronto?

Supongamos que comenzaste a los trece años
cuando tus pechos apenas despuntaban
bajo las copas de seda de tu sostén.

Supongamos igualmente que vivirás
el promedio de una existencia humana
y que tu salud continuará envidiable
como hasta ahora lo ha sido.

¿Te gustaría entonces uno cada mes?
¿Quizás uno cada quince días?
¿Talvez uno semanal?
¿De pronto dos en los siete días?
¿Has pensado en uno diario?
¿Podría ser el par... o hasta tres
en las veinticuatro horas?

No te alarmes por estas especulaciones
de carácter lujurioso.
Cortesanas han existido y putas proletarias
con records francamente excitantes:
Nueve o diez orgasmos diarios
hasta reunir la codiciable suma
de ciento treinta y un mil cuatrocientos o más,
con un promedio de tres amantes por día,
cuyo rendimiento – se afirma –
era de tres eyaculaciones por sesión.

Estas cifras son demasiado halagadoras
para que una mujer con sangre entre las venas
no las tome en cuenta.
Son cuarenta años de actividad horizontal
franca y constante
que dan testimonio de cariño y comprensión
para esta insatisfecha humanidad masculina.